El objetivo del orteguismo, al apoderarse —mediante cualquier circunstancia— de la casi totalidad de los medios de comunicación, es sostener al mínimo las voces de la expresión opositora y que el pueblo viva desinformado.
Desde hace unos doce años ha ahogado económicamente estaciones de radio y TV y las ha comprado; hace meses un “grupo de poder” adquirió un periódico y esta transacción viró totalmente el espíritu opositor de ese medio. La dictadura confisca equipos de radio, como a un radiodifusor en Sébaco; recientemente clausuró otra radioemisora propiedad de una ONG en Siuna.
Cuando un medio es “oficialista” pierde la misión de informar con libertad y es aburrido, cursi e insípido. Lejos quedaron los años de aquellos canales y medios cuya metamorfosis devino en ser, antes, de furibundos medios pro sandinistas, y después de 1990 su acérrimo enemigo, hasta que fueron comprados por ese “grupo de poder”.Oigo y leo los titulares de los noticieros por televisión, radio y prensa; y a diferencia de los combativos Diario LA PRENSA, Canal 12, Radio Corporación, Confidencial, Trinchera, los medios prosandinistas se autocensuran. Basta leer, escuchar u oír sus titulares, para decepcionarse desde antes de que sus locutores lean esas informaciones.
La dictadura controla los canales 2, 4, 6, 8 o más. El 14 es empresario; las emblemáticas radios son: Radio Sandino, La Vieja Radio Ya, La Primerísima y otras.
Actualmente hay pocos programas de televisión y de radio en los que “en vivo se debaten” temas nacionales, no tanto para ejercer la libertad de expresión que queda, sino para urdir una falsa tolerancia, existente ahora en un mínimo de medios. Nunca he visto extensas comparecencias de líderes populares exponiendo problemas. Los actuales programas de TV son comunitarios, de temas de profesionales y sociales; uno es totalmente político; otros para entrevistas fresas y de farándula.
En los canales de TV controlados por la dictadura hay excesiva farándula y vulgaridad. En mayo una radio sandinista propició un concurso de la madre más vieja, la madre más joven —de 14 años— y la que tenía la panza más grande a cambio de baratijas. Los medios con poca potencia de penetración son conveniencia de la dictadura.
Minimizar la suma de medios ahogándolos, comprándolos e imponer un silencio a medios independientes o del orteguismo mismo, es una forma de censura silenciosa, sin hacer daño ni escándalos, sin multas, sin responder preguntas de nadie, sin la Ley de Radio y TV del pasado. Ahora el estilo es censurar mediante la minimización de medios. Entretanto menos haya, mejor.
La dictadura sabe que denuncias, censuras o artículos de opinión en medios de difusión son fugaces. Una monótona voz del mediodía —per se— excluye a los medios orteguistas de informar “primicias”. La censura —entonces— no solamente es indirectamente para medios opositores, sino directamente para los medios orteguistas. Es crucial conservar en la comunidad independiente u opositor las “redes sociales” que ofrecen informaciones dadas por el pueblo y por periodistas extranjeros que informan al mundo lo que pasa aquí.
El presidente inconstitucional no da entrevistas nunca confirmando así el secretismo, el ocultamiento a los problemas y demostrando que —por algo— no comparece ante periodistas. Nunca habla del alza semanal a la gasolina; del costo de “lo básico de la canasta”; de la mentirosa rebaja a la energía; del problema del agua potable; de la preocupación de miles de campesinos que esperan el inevitable enfrentamiento por la defensa de sus tierras, de las inundaciones por las lluvias. Es un funcionario que se oculta.
Todo podría cambiar o empeorar en noviembre de 2016, si amamos Nicaragua.
El autor es abogado.