Claribel Alegría publicó hace dos años con la editorial Visor de España Voces, ahora aparece al italiano como Voci. LA PRENSA/MANUEL ESQUIVEL.

Voces del cosmos

Voces, más que un libro es una joya, y esta me parece la manera más apropiada de presentarlo: como una joya única y de rara belleza que solo un maestro y en este caso, una maestra en el oficio, es capaz de crear.

Les hablaré de Voces, el libro más reciente de Claribel, publicado por Visor en España hace dos años, y que ahora estamos celebrando en su traducción al italiano con el título Voci, publicado en mayo de este año por Samuele Editore. Para esta edición Zingonia Zingone escribió un bello prólogo, además de la impecable traducción hecha junto con Marina Benedetto.

Voces, más que un libro es una joya, y esta me parece la manera más apropiada de presentarlo: como una joya única y de rara belleza que solo un maestro y en este caso, una maestra en el oficio, es capaz de crear. Como la orfebre más fina, Claribel enhebra con dedos diestros los hilos de oro de la poesía, y de sus manos salen piezas de filigrana tan perfectas y delicadas como Mi bailarín sufí el poema dedicado a Bud Flakoll, el amor de su vida y su esposo por cincuenta años, y que dice así: Cosida estoy / al ruedo de tu manto / me levantas / me tumbas / giro contigo / giro / y en cada nuevo giro / es más honda la entrega. O también este otro, titulado Tu silbido: Ya no existe mi bosque / solo quedan pedruscos / y yerbas amarillas / y aquel silbido tuyo / tu silbido / aquel mágico soplo / que se instaló en mi oído / y cuando menos pienso / me enamora.

AMOR Y MUERTE EN SU POESÍA

El amor que sustenta estos poemas es aquel que todo lo vence y todo lo puede, ese amor que trasciende al tiempo y sobrevive a la muerte. Pero esta época en que vivimos y en la que estamos inmersos, propicia el egoísmo y la banalidad. Nadie tiene tiempo ni disposición de escuchar a nadie porque estamos muy atareados con nosotros mismos y con los ruidos del mundo; y la única voz que oímos y a la que prestamos atención es la nuestra.

Entonces puede parecernos que amores de esa magnitud ya dejaron de existir, pero Claribel nos demuestra que no es así. La prueba más patente es ella misma, que a través de su vida ha mantenido una constante disposición al amor, y precisamente por eso, es del amor que brotan todas las voces que escuchamos en este libro; el amor es la fuente de donde nacen y es el milagro que las hace existir.

POEMAS BREVES

Voces contiene también un conjunto de prosas breves que Claribel entreteje y combina como si fuera un hermoso manto de plumas de colibrí, y que va intercalando entre la filigrana de sus poemas de tal manera, que de escuchar las voces del universo y sus criaturas nos lleva a escucharnos a nosotros mismos, a echarnos un vistazo, y a contemplarnos con humor y afecto.

La poeta nos hace un guiño de complicidad por medio de Lillian, personaje que viene a ser su alter ego como Luisa, la protagonista de Luisa en el País de la Realidad, que es otro libro suyo y que entendemos como un homenaje privado de Claribel a su amistad de tantos años con Lillian Leví, a quien mencioné al principio.
Asimismo, la escogencia de Bud como personaje es un testimonio más de su amor por el que fue su compañero inseparable, y que aún después de su muerte sigue siéndolo, con su presencia espiritual constante en la vida de Claribel.

LA VIDA COTIDIANA

Este ir y venir del reino de la poesía poblado de voces fabulosas, a la prosa de la vida cotidiana que es el ámbito de la anécdota, está matizado por la reflexión sobre nuestra frágil condición humana. La imaginación y los sueños, la nostalgia, los recuerdos, los afectos ya idos o perdidos, el paso del tiempo, la angustia, las propias contradicciones, el desapego, la vejez y la muerte aparecen en poemas como Vuelo, Invitación al ocio, Desasosiego, Elegía, Escapes, Desapego, ¿Hacia dónde? Desvelo, Sombrajes, Señales, Yo, La muerte, y otros. El libro concluye con el poema Testamento en el que escuchamos directamente la voz de la poeta. Con mucho acierto Zingonia dice en el prólogo de Voci, que este poema es “un bellísimo acto de humildad” de Claribel, “un testamento en el que se declara una escalera tambaleante e inconclusa” que ofrece a sus hijos con amor para que la reparen, la eleven, y suban por ella / … hasta tocar la luz.

Finalmente, quiero decir que en Voces hay también una bella ars poética dedicada a Juan Ramón Jiménez, el que según me cuenta Claribel, le dijo que jamás traficara con la poesía. A estas alturas, bastaría echar una mirada a la obra de Claribel, a su fecunda y diversa producción literaria, o basta únicamente leer Voces, y podemos estar seguros de que ella escuchó atentamente la advertencia de su

Cultura

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