MARIONETA
Luvy Torres Villalta
Abrió el ropero y dispuso sacar sus trapos al sol para terminar con el viejo y mal olor.Dispuso quedarse con lo necesario, abandonar lo obsoleto, lo en desuso.
Dispuso abrir su alma y desprender cada hilo que le hacía tu marioneta.
Dispuso hacer un nuevo escenario y dejar que su alma cante, baile,
ame y se abrace a la vida nuevamente.

LA PIEDRA
Luvy Torres Villalta
No se sorprendió cuando la tomé,
cuando entre mis dedos la froté
y surgió su hermoso brillo.
Muy sonriente, la vi alejarse entre pequeños saltos,
saltos que chisporroteaban de mil colores su alegría,
alegría de huellas estampada en grandes círculos abiertos
de un adiós acariciador,
hasta dormitar nuevamente en el lecho del río.
EL ÉXODO DE MIS BÚHOS
Luvy Torres Villalta
En silencio,
sin movimientos impertinentes
el éxodo de mis centinelas
toma la ruta del repliegue
táctico,
nostálgico.
Por el sendero antiguo
sin vacilar la valentía,
transparencia,
honestidad,
entrega.
No hay temor alguno en su caminata,
no hay vacilación ante cada paso.
Frente al sol,
cómo me rozas
con el irrespeto y desconfianza.
Cómo calificar
la identidad del nuevo orden, si lejos estás del horizonte, y muy
cerca de lo imaginable.
EL TRIÁNGULO
Luvy Torres Villalta
Dejó que le llevaras a luchar por su vida, sin que nada supiera de pugilismo.
Dejó que en la lucha se impusieran tus reglas;
sin el tilín de la campana para tomar descanso
sin réferi alguno que interviniera ante tus golpes bajos
sin kit de apoyo que le advirtiera del peligro.
Sin porra alguna que le alentara ante esa lucha.
Cual insomnio nocturno su mente vapuleaste
y en cada golpe su espíritu le quebraste.
Desorientada, dejó que tus puños cual palabras hirientes
de un solo la reventaran.
Victorioso, abandonaste su cuerpo, así lo encontró
y lo dejó la noche, hasta los días siguientes.
Con los rayos del sol, cuerpo y alma juntos levitaron.
Pudo verse la magnitud del desastre.
El cuadrilátero de combate, lo convertiste en un triángulo desigual.
EL CERROJO
Luvy Torres Villalta
Someterá a juicio a sus ojos que ciegos quedaron ante el deslumbre fugaz de tu punto geográfico.
a sus oídos, por el frenesí indiscreto al reconocer el movimiento de tu cuerpo.
A sus pies, por llevarle abismalmente tras la huella de los tuyos.
A sus manos, que cual hiedra en sol ardiente se esclavizaron a tu piel.
A su olfato, que como sabueso se perdió entre el laberinto de tus excusas.
A su boca, por dejarse ahogar con demasiada premura por la tuya.
A su amor, por entregarse como luna llena ante tu noche oscura.
A su lealtad, por la falta de equidad frente a tus actos.
Someterá a juicio, su juicio, y pasará el cerrojo.
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