Fernando Bárcenas

El Periodismo al pie de la horca

Este 8 de septiembre se cumplen 72 años de la muerte del periodista checo Julius Fucik. Luego de 17 meses de encarcelamiento y de torturas en la cárcel de Pankrác (en Praga, Checoslovaquia), Fucik fue acusado de traición por el nazismo, y ejecutado mediante ahorcamiento en Berlín, en 1943.

Fue redactor, en el clandestinaje, de Rudé Právo y de Tvorba. Murió a la edad de cuarenta años. Al subir al patíbulo, Fucik entonó el himno obrero de La Internacional, y sus verdugos, sorprendidos, forcejearon para amordazarle.

La obra más conocida de Fucik, Al pie de la horca, fue escrita en la prisión de Pankrác en la primavera de 1943, en papel de estraza. Día a día fue sacada, hoja por hoja, por la ventana de la cárcel, gracias a la colaboración de A. Kolínský, uno de sus carceleros. Luego, con la caída del nazismo, las hojas manuscritas fueron recuperadas, ordenadas e impresas en 1945, por su viuda, conocida como Gusta Fucíková. Quien fuera sobreviviente, a su vez, del campo de concentración de Auschwitz, donde se le obligaba a laborar como mano de obra esclava.

Fucik narra en pocas frases el itinerario del libro: “Trataré de explicar mi propia muerte en este cuarto del Palacio Petschek, y si el nudo corredizo de la horca aprieta mi cuello antes de terminar, quedarán todavía millones de hombres para terminarla con un final feliz”.

Este testimonio de Fucik tuvo resonancia mundial, y traducido a más de ochenta idiomas. Pudo narrar su suerte terrible, como víctima de la barbarie en los cuartos de tortura nazi, porque a pesar de conocer que su destino personal no tenía salida, conservó intacta la moral de combatiente, sin mencionar un solo nombre de sus camaradas. Por ello, como luchador consecuente, aun cuando había caído en manos del enemigo, conscientemente pide: “Que la tristeza jamás se una a mi nombre. Agravio e injusticia sería colocar sobre mi tumba un ángel de tristeza”.

La resistencia moral de un periodista combatiente, convertido en masa doliente por la tortura bestial, no da lugar a otro sentimiento humano más que al respeto. Así, en honor a Fucik, el 8 de septiembre, día de su muerte, se conmemora el Día Internacional del Periodista.

En nuestra juventud, en la época somocista, este pequeño libro de 71 páginas era de propiedad colectiva (como todo texto considerado subversivo por el régimen dictatorial). Este relato, de aplomo inclaudicable frente a la tortura brutal, corría entre nosotros de mano en mano, para leerlo de prisa, como cambia de mano entre los náufragos una ración de pan. Junto a otros libros prohibidos por el somocismo, lo habíamos introducido de contrabando por la frontera sur, como si fuese un cargamento de armas.

En estos días, si se afina el oído se escucha que el canto de Fucik al pie de la horca, que auguraba el fin del nazismo por otros hombres que lucharían por la libertad, se ha convertido en un rumor creciente de millones de centroamericanos que luchan contra la corrupción. El Día del Periodista, en honor a Fucik, se ha convertido en una fecha ciudadana. Ahora, todos los ciudadanos honestos somos periodistas, de aquellos cuya función es restringir los abusos del poder.

El periodismo oficialista, en cambio, no tiene audiencia ni lectores, le falta brillo, originalidad, imaginación. Teme pisar cualquier raya invisible, y que la intolerancia palaciega en un arrebato le corte la cabeza. No es testigo agudo de su época. El Día del Periodista, de Fucik, no es para ellos.

Al consolidarse el régimen autoritario, surge un periodismo satélite del poder corrupto. Son periodistas de fortuna. Hacen propaganda a los éxitos de la corrupción. Tampoco el Día del Periodismo de Fucik es para este ejercicio periodístico prostituido y banal.

El periodismo honesto busca con lucidez una estrategia perdurable y un método de análisis, para no ser azotado por el viento como una veleta. El periodismo valiente es, por fuerza, militante de una causa justa, que adelanta firmemente contra amenazas y halagos. No se puede informar con coherencia, sin una limpia bandera de combate.

Estos periodistas, antifascistas, son quienes calzan con honor los zapatos de Fucik, en este día memorable.

El autor es ingeniero eléctrico

COMENTARIOS

  1. Pabo Tagore
    Hace 11 años

    Yo lei el libro y no e comparable. Existen una enorme distacia e infinito coraje y honestidad de diferencia. No venga con eso de períodistas honestos, libres independientes y todo lo demas. Ya sabemos que desde que existe la imprenta y el dueño de esa imprenta se acabo la cacareada libertad de prensa. Si tiro a uno no me dan trabajo en otro y si hago lo contrario me sale lo mismo. Por favor no me vengan con esa retorica tan gastada como los años

  2. Byron
    Hace 11 años

    Yo lei ese libro, en el 78. Impresionante. Invito a la juventud de ahora a leerlo, para que se nutran de las mejores ideas del hombre, de los libres y dignos, de los valientes, de los mejores ejemplos de ser humano. Que quieran ser como ellos, para que brille la libertad y con ello la felicidad de nuestro y otros pueblos. Seguramente ahora el libro es otra vez prohibido, porque al tirano de turno no le conviene la difusion de ideas de dignidad y libertad. Honor eterno a Julius Fucik!!!!

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