Como comediante y personaje de la televisión, Jimmy Morales Orellana se convirtió en una de las figuras más celebradas para los guatemaltecos, que el domingo lo consagraron como favorito para gobernar el país centroamericano, estremecido por los escándalos de corrupción.
De 46 años, actor cómico y productor, Morales ahora aspira a emular a “Neto”, el ficticio personaje de un vaquero ingenuo que él personificó en una película, en la que se convierte en presidente.
“La gente en la calle me pregunta si soy Nito o soy Neto. Soy Neto, no soy bonito pero soy coqueto”, suele decir Morales en sus discursos.
Sin plan de gobierno
“Durante veinte años los he hecho reír, les prometo que si llego a ser presidente no los voy a hacer llorar”, afirma Morales, quien no obstante ha reconocido en varios foros que no posee un plan de gobierno definido.
Casado y padre de cuatro hijos, Morales posee, además de sus dotes artísticos, una licenciatura en Administración de Empresas en la estatal Universidad de San Carlos (Usac), según su currículum vitae publicado en su página web.
De religión evangélica, Morales ha centrado su campaña en asegurarle a la población que es un candidato diferente, tratando de desligarse de la desgastada clase política bajo el lema: “Ni corrupto ni ladrón”.
Combatir la corrupción, mejorar la alimentación y promover el desarrollo empresarial son algunas de las propuestas del político que no tiene ninguna experiencia en la administración pública de llegar a la primera magistratura del país.
LA SOMBRA MILITAR
Morales enfrenta una serie de críticas por el pasado del partido FCN, que lo postula, fundado en 2008 por militares retirados que grupos de derechos humanos vinculan a vejámenes cometidos durante la guerra civil guatemalteca (1960-1996).
Incomodado por el señalamiento, Morales niega hasta la saciedad la presencia de militares en sus filas. Asimismo, asegura que “el FCN no tiene financiamiento de fuentes oscuras”.