Es inevitable dejar de pensar en el cuerpo sin vida del pequeño Aylan Kurdi en una playa turística sin reflexionar lo que sucede en Siria y lo que ha sido la actitud del orden internacional. La crisis siria tiene su origen en relación con la primavera árabe que comenzó en el año 2010 en Túnez, Egipto y después Libia.
Las mismas razones que llevaron a miles de jóvenes autoconvocarse a través de las redes sociales reclamando más democracia, mejores oportunidades económicas, más pluralidad política y menos restricciones a la libertad de expresión; es lo que en el 2011 también llevó a miles de sirios a protestar contra el régimen de Bashar Al-Asad.
Lo que comenzó en la ciudad de Homs como una expresión de unos pocos, rápidamente se incrementó por la negativa del régimen de dialogar y esto generó el uso más violento de las armas, tanto de opositores y fuerzas oficiales del régimen de Al-Asad. El conflicto se vuelve asimétrico y hay enfrentamientos menores y constantes en muchos pueblos y ciudades grandes por todo el territorio sirio hasta la fecha.
Para entender por qué no ha existido una respuesta de occidente ante la crisis siria, es necesario saber que Siria sigue siendo un país que está bajo la influencia de Rusia, como una herencia de la época de la Guerra Fría en que tanto occidente liderado por Estados Unidos (EE. UU.) y la extinta Unión Soviética (Rusia) controlaban el orden internacional. Por ello la actitud ambivalente de las potencias mundiales como EE. UU. y sus aliados de Europa a través de la OTAN (Alianza del Atlántico) y de hecho de la misma Rusia, a tomar una acción a la crisis en Siria, solo demuestran la fragilidad del nuevo orden mundial y la falta de voluntad internacional al tema de los derechos humanos.
En este marco es difícil hacer una respuesta clara a la crisis siria cuando hay diferentes frentes armados ahora contra el gobierno y la falta de una oposición unida. Sin embargo es necesario precisar unas salidas. Primeramente, a pesar de la inoperatividad de Naciones Unidas (ONU) ante las crisis mundiales, sigue su validez como la única instancia internacional para el diálogo. Por ello se debe concertar una misión de paz para Siria y que como garantes las dos superpotencias EE. UU. y Rusia. El último por la influencia que ejerce ante el gobierno sirio.
En un segundo término, la Unión Europea debería ver una oportunidad en la crisis siria y en los miles de refugiados que llegan a sus costas, para poder visibilizar su rol en el mundo y hacer las bases necesarias para unir esfuerzos y reformas políticas regionales para el asilo y el tema de los refugiados políticos. No está de más pensar en aceptar cuotas de los miles de refugiados que llegan a Europa tratando de salvar sus vidas y sus familias de la guerra en Siria.
Un tercer punto es que el tema de las crisis en Medio Oriente merece una conferencia internacional de los países de la región, promovida por las superpotencias. Es conocido que la guerra en Siria es patrocinada por diversos gobiernos del Golfo Pérsico como Qatar y Arabia Saudita que suministran armas y otros recursos a los rebeldes sirios y por otro lado Irán apoyando a las fuerzas que como Hezbolá luchan junto al gobierno sirio en contra de los rebeldes.
Es necesario entender el mensaje que nos dejó Aylan y su partida de este mundo no sea una noticia más que se pierde ante otra primicia de la prensa internacional.
El autor es oficial de Programa del Instituto Nacional Demócrata
Ver en la versión impresa las páginas: 10 A