LA PRENSA/ ARCHIVO

Mi traslado a León

Decidí estudiar Derecho porque me pareció la carrera de carácter más general; las otras opciones que por entonces se ofrecían no me atraían: Medicina, Farmacia, Odontología e Ingeniería.

Decidí estudiar Derecho porque me pareció la carrera de carácter más general; las otras opciones que por entonces se ofrecían no me atraían: Medicina, Farmacia, Odontología e Ingeniería. De haber existido entonces unas buenas carreras de Artes y Letras o de Periodismo, quizás me hubiera inclinado por alguna de estas en vez de Derecho, pero no las había.

Después le tomé un gran gusto a los estudios jurídicos, sobre todo porque pertenecí a un grupo de estudiantes que integramos el Círculo de Estudios Jurídicos y Sociales (Cejis) que, desde un principio, decidimos que nosotros no seríamos abogados “codigueros”, o sea, estudiantes que nos limitáramos al estudio de los códigos sino que estudiaríamos las doctrinas jurídicas que inspiraban las distintas instituciones de los códigos.

PROFESORES Y CÓDIGOS

También partimos del principio que las Ciencias Jurídicas no era saberse de memoria los artículos de los códigos, de lo que presumían algunos de nuestros profesores y nos tomaban las lecciones de Derecho Civil sobre la base de repetir de memoria los artículos del Código, a veces sin comprender la institución creada por dichos artículos.

A ese grupo, denominado el Cejis pertenecíamos, además de quien escribe, Ernesto Cruz, Mariano Fiallos Oyanguren, Leonel Argüello, Daniel Tapia Mercado, Orlando Barreto Argüello y, a veces, se nos unía también Roberto Incer Barquero.

Por medio del importador de libros por encargo, el profesor Lino González, pedimos a España e Italia los textos de los comentaristas más famosos del Derecho Civil, del Derecho Procesal, del Derecho Penal y del Derecho Mercantil. Para ayudarle a nuestros mismos profesores y a los otros estudiantes del Derecho, decidimos publicar una Guía Bibliográfica para Estudiantes del Derecho, donde incluimos, para cada materia, los libros modernos de Derecho más recomendables. Creo que el Grupo Cejis desempeñó un gran papel en esos años en la renovación de la bibliografía de los estudios jurídicos en la Facultad de Derecho de la UNAN.

EN LA FACULTAD DE DERECHO

Cuando decidí estudiar Derecho esta carrera se impartía en la entonces Universidad de Granada y en la antigua Universidad de León. Algunas personas me decían que los mejores abogados salían de la Facultad de Derecho de Granada, y otras, como mi tío Juan Ramón Avilés, me recomendaba que fuera a estudiar a León donde, en esa época, el rector era el anciano abogado doctor Juan de Dios Vanegas, muy amigo de mi tío Juan Ramón, quien le llamaba “el mantenedor de las letras en León y de los Juegos Florales”.

De todas maneras, ese mismo año de 1951, y casualmente en el mes de las matrículas, el dictador Anastasio Somoza García decidió cerrar la Universidad de Granada con lo que no quedó más opción que León, adonde incluso se trasladaron todos los estudiantes, principalmente granadinos, que habían iniciado sus estudios en Granada. Esto fue algo inusitado para la ciudad de León: recibir un buen contingente de estudiantes granadinos.

LOS PELONES

En esos años existía la costumbre de “pelonear” a los estudiantes de primer ingreso a la universidad. La matrícula era casi un mes antes de que se iniciaran las clases. Mi madre decidió hacer ella el viaje a León para matricularme en la Facultad de Derecho para que no me pelonearan tan temprano.

Al mismo tiempo arregló con nuestra pariente, Paulita Ramírez Jerez, que me diera una pieza en su casa para habitar en ella y se encargara de mi manutención mediante el pago de una modesta suma. Por esos días tuve el gusto de conocer en Managua a quien luego sería un fraterno amigo y compañero de lides universitarias: Mariano Fiallos Oyanguren, quien me dijo que con mucho gusto me esperaba en León y que me presentaría a varios amigos para darme la bienvenida. Que tan pronto llegara fuera al Parque Central donde su grupo se reunía todas las tardes para conversar e intercambiar chistes. Pertenecían a ese grupo: Ernesto Castellón Barreto, quien más tarde sería cuñado de Mariano, casado con su hermana Marisol; el otro amigo era un estudiante muy conocido por sus travesuras de nombre Donoso Cortés. Pocos días antes de iniciarse las clases me trasladé a León y fui a vivir a la casa de mi pariente, descendiente del General Máximo Jerez, Paulita Ramírez Jerez.

La tarde misma que llegué a León decidí ir a conocer la famosa Catedral que queda, precisamente, frente al Parque Central y, de paso, encontrarme con mi amigo Mariano para que me presentara a sus amistades. Por cualquier cosa yo iba preparado con una gorra en la bolsa. Llegué al parque y, tal como me lo había dicho Mariano, ahí estaba él con sus amigos sentados en el espaldar de una de las bancas.

EN EL BARBERO, LA BIENVENIDA

Cuando Mariano me vio se dirigió a mí con un gran abrazo y me dijo: “Te estamos esperando, te voy a presentar a mis amigos, pero sentate primero en esta banca”. Me presentó a sus amigos y tanto Mariano como ellos sacaron sus tijeras y me dieron la bienvenida peloneándome de inmediato. Esa fue la recepción que me tenían preparada y a eso se dedicaban todas las tardes desde que comenzaban a llegar los estudiantes de primer ingreso. Como me dejaron todo “chomporoco” me recomendaron que fuera a pasarme la “doble cero” en la barbería que quedaba enfrente del parque, lo cual hice.

Ahí se completó mi bienvenida cuando el barbero que me atendió me quedó mirando al terminar su trabajo y me dijo muy seriamente: “Mirá, yo he visto pelones feos pero vos sos el más feo que he pelado”. Le agradecí su calificativo, me puse mi gorra y me regresé a pasar el resto de la tarde con mis nuevos amigos que siguieron, con dedicación digna de mejor causa, en su tarea. Ellos me explicaron que ese barbero le decía lo mismo a cuanto estudiante le tocaba pelonear, lo que me consoló un poco. Curiosamente, un futuro rector de la UNAN fue peloneado por otro futuro rector.

Recuerdo que cuando mi madre me llegó a ver a León la siguiente semana y me encontró pelón me dijo: “¿Quiénes fueron los que te hicieron semejante grosería?” Así participé en el famoso desfile de los pelones, con pelones de las otras facultades y que era un espectáculo muy concurrido en ese entonces. Mientras a mí pronto me volvió a nacer la cabellera, mi compañero Roberto Incer Barquero nunca más recuperó el cabello que le cortaron y desde entonces se quedó medio calvo.

Esta costumbre, que tenía muchos años y era una tradición según decían los estudiantes de los años superiores, se terminó cuando yo llegué a la Rectoría e impedí que pelonearan a algunos estudiantes, quitándoles personalmente las tijeras a quienes los habían tendido en el suelo del parque de La Merced, con grave peligro pues podían sacarle los ojos. Algo parecido me sucedió en Managua cuando vi que sobre la carretera que conduce al Recinto Rubén Darío estaban peloneando a un muchacho tirado en el suelo polvoso. Me vine de la oficina de la Rectoría y les quité las tijeras.

CAMBIAR LA TRADICIÓN

Luego reuní a los estudiantes en el Auditorio Ruiz Ayestas y les dije que era una vergüenza esta costumbre, que era más propia de los cuarteles militares y que la practicaban en la Academia Militar. Les dije: “¿Son ustedes universitarios o son aspirantes a guardias?” Logré que la propia directiva del Centro Universitario (CUUN), la máxima autoridad estudiantil, acordara cancelar definitivamente esa tradición y sustituirla por un baile de bienvenida a los estudiantes de primer ingreso.

Muchos años después, el estudiante por quien intervine sobre la carretera que conduce al Recinto Universitario Rubén Darío, me escribió una carta, ya convertido en un profesional, y me dijo: “Yo era ese estudiante a quien usted llegó a proteger y he aguardado varios años, hasta que me gradué, para mandarle esta carta de agradecimiento por lo que usted hizo aquel día por mí”. Esta carta la conservo en mis archivos. Me satisface mucho que la costumbre se haya terminado e igual haya sucedido en las universidades privadas que habían, al principio, seguido el ejemplo de la UNAN.

Cultura Carlos Tünnermann León archivo

Puede interesarte

COMENTARIOS

  1. duilio
    Hace 11 años

    Las tradiciones no las pudo entender el maestro, ni nosotros cuidarlas

    1. chema
      Hace 11 años

      A mi me pelonearon dos veces. Me pelonearon al bachillerarme y al entrar a la UNAN. Era traumatico y abusivo hacerlo.Su comentario es aberrante y propio de un pandillero. No cabe duda que Ud era uno de los abusivos!!!

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí