La pena de muerte es un acto cruel e inhumano igual al delito cometido por el condenado, las familias afectadas consideran que más bien es un premio para el culpable porque no se compara a la forma en que procedió el asesino contra la víctima.
Que al nicaragüense condenado a la pena capital en Texas le favorezca un pedido de clemencia o no la verdad es que eso a Ortega le tiene sin cuidado pues la vida de los nicaragüenses (peor si son opositores) nunca ha sido prioridad para él.
Cuando sucede un hecho cruel y perverso como los asesinatos ejecutados por los policías particulares de Daniel Ortega en Las Jagüitas, la forma inmediata de reaccionar de toda persona es que a ellos se les haga lo mismo, la Ley del Talión.
Ortega nunca se preocupó por condenar, menos exigir que se aplicara la justicia a como correspondía, ni siquiera lamentó la casi exterminación de esa familia incluido dos niños “que no le hacían daño a nadie” quedando otro niño sin madre y con traumas.
En ningún tiempo ha ordenado a sus huestes que dejen de asesinar a nicaragüenses que no piensan como él.
El dolor de los familiares de las víctimas no termina y lo único que quieren es justicia en Nicaragua. Donde existe la pena capital los familiares es lo primero que piden y hasta que el asesino ha sido ejecutado dicen sentirse tranquilas. Aquí no cuentan los sentimientos de los familiares del asesino.
Entonces, ¿por qué este pedido de clemencia? ¿Necesitamos estar en Texas en igual situación que el nicaragüense condenado para que Ortega se pronuncie? O tal vez fue para que no se diga que no lo hizo y escuchar condenas de todos lados aunque eso no le quita el sueño.
Para muchos, la vida es lo más valioso que tenemos. Para otros la vida de los demás es un problema y la única solución que encuentran es el asesinato.
Desde 1990 han asesinado a desmovilizados de la Contra. Al mismo Cosep le asesinaron un vicepresidente (otro fue en los años 80), pero le tiene sin cuidado el derramamiento de sangre de sus dos exvicepresidentes, porque lo primordial para ellos es la ganancia y mientras estas estén aseguradas y además sean la única fuerza con que el Gobierno busca consenso para que buscarle tres patas al gato… que los lloren sus familias.
Ortega aprovecha la situación para adjudicarse un triunfo con la suspensión de la ejecución del condenado a muerte o tener otro argumento para gritar maldiciones contra el imperialismo yanqui.
El presidente Obama no tiene autoridad para suspender la ejecución del nicaragüense, lo que puede hacer es solicitar al gobernador de Texas que solicite clemencia. Lo que puede ser efectivo es una decisión judicial, como en realidad ha ocurrido.
La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) que pidió a Estados Unidos suspender la ejecución prevista para el 26 de agosto y la revisión de su juicio conforme a las garantías del debido proceso y de un juicio justo previstas en la Declaración Americana.
Muchos pedimos a Dios que todas las súplicas de clemencia fueran escuchadas y no se llevara a cabo esa ejecución.
Y las súplicas han sido escuchadas.
El autor es jurista.