El 18 de mayo pasado en un artículo publicado en esta misma página de opinión de LA PRENSA, decía que resulta casi imposible lograr un triunfo sobre el sandinismo en las próximas elecciones generales de noviembre de 2016, sin la presentación de parte de la oposición en su conjunto, de un solo candidato presidencial producto de unas elecciones primarias, y no del tradicional dedazo antidemocrático.
Es contraproducente comenzar a decir en este momento que no se va a participar en las elecciones, porque aún ningún partido o coalición ha tomado la decisión de no hacerlo. Es mejor estar preparado para una oportunidad y no tenerla, que tenerla y no estar preparado; por lo tanto, todos los partidos deben prepararse para concurrir al proceso electoral pero en unidad, entrenando y capacitando a todo un ejército de por lo menos cincuenta mil fiscales para defender el voto como verdaderos gladiadores. La defensa del voto ha sido el talón de Aquiles de todos los partidos sin excepción, excepto para el sandinismo.
El Frente Sandinista, con su política populista ha subido su piso electoral de un 30 a un 38 por ciento, los votantes independientes se mantienen en un 37 por ciento, y los que dicen que no van a votar en un 20 por ciento, y un 5 por ciento corresponde a los partidos no sandinistas. Aunque estos porcentajes no son absolutos, sí son bastante aproximados.
El análisis de los porcentajes anteriores nos indica, que sí es posible derrotar al sandinismo pero en unidad, y no dispersos ni divididos. La diferencia entre el triunfo y la derrota electoral está entre la unidad y la división; de allí la importancia de la existencia de un solo candidato que tenga la idoneidad, la honestidad y la importante y necesaria credibilidad, para lograr convencer al mayor porcentaje de indecisos y votantes independientes.
A como está planteada la situación política actual con una oposición fragmentada, esta se convierte en el mejor aliado que tiene el sandinismo para obtener el triunfo en las próximas elecciones generales del 2016, y al mismo tiempo la oposición misma con este proceder lamentable, se convierte también en su propio adversario político.
Existen en la actualidad tres grupos, alianzas o coaliciones opositoras: el PLC y sus aliados, el PLI también con sus aliados y el que se presentó a la opinión pública el mes de junio y que se denomina Unidad Democrática.
La Unidad Democrática expresó en su pronunciamiento que realizarán elecciones primarias para elegir tanto al candidato presidencial como a los diputados nacionales y departamentales, con un padrón electoral consistente en la misma cantidad de votantes para cada una de sus organizaciones, lo cual no le da ventaja a ninguna de ellas. Las elecciones primarias, sistema de escogencia de candidatos que nunca se ha realizado en Nicaragua, significa un extraordinario avance en el quehacer de la política criolla y es la forma correcta de legitimar y fortalecer candidaturas.
Los tres bloques existentes deben reflexionar y deponer esos intereses personales, partidarios y sectarios, que tanto daño le han hecho al país y a la política, y juntarse en un gran bloque unitario para escoger juntos al candidato presidencial, y a los candidatos a diputados por medio de ese proceso de elecciones primarias ya planteadas por una de las alianzas. De continuar con mutuas recriminaciones, que todos tienen sobradas razones para hacerlo, no se podrá llegar a ninguna unidad, y aunque el pueblo de Nicaragua logre identificar a las organizaciones y personas que sí hicieron un esfuerzo para lograr esa unidad, simplemente se quedará en el reclamo y señalamiento para aquellos que no cambiaron su actitud.
El principal criterio que debe prevalecer para alcanzar la unidad debe ser salvar la libertad, la justicia y la democracia para fundar la República; apartando todo aquello que pueda dividir y separar, y fortalecer todo aquello que pueda unir y robustecer a las diferentes organizaciones. La unidad no es solo para estar juntos, sino para hacer algo juntos. Cualquier otra alternativa sin unidad, será débil y destinada al fracaso.
El autor es médico.
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