Gonzalo Cardenal M.

La dificultad de romper con nuestro egoísmo

Mucho me han sorprendido algunas cartas recibidas de personas impactadas por “la novedad” del tema de que “dando es como se recibe” de uno de mis artículos publicado en LA PRENSA; de que fuimos hechos para amar, para entregarnos desinteresadamente; y que entre más nos centremos en nosotros, en nuestros caprichos, y aún en nuestras necesidades, y más nos alejemos de los demás y de sus circunstancias, nos volvemos cada vez más desgraciados; y —en extremos— llegamos hasta enfermarnos, y que yo había encontrado que las personas más felices habían sido las más santas; los que más se entregaban al amor verdadero, al servicio sacrificado de los demás, y que esto era así hasta en el amor sexual.

Otros comentarios interesantes que recibí trataban sobre la dificultad que encontraban en romper con esa tendencia habitual del egoísmo (que sorprendentemente yo llamaba anti-natural), y decidir tomar el camino contrario, estrecho y cuesta arriba: el del amor entregado, comprometido, desinteresado e incondicional. Manifestaban que siempre habían creído que la felicidad y el amor estaban en recibir. Que entre más recibiera uno, más feliz llegaba a ser.

Creían que la finalidad de la vida, de haber nacido, era el lograr alcanzar el éxito, y si era posible… la felicidad. Creían que los Mandamientos y los principios morales cristianos lo que hacían eran inducirnos a que en este mundo la pasáramos muy mal a cambio de tener algún día un premio eterno. La verdad sobre estos dos temas es muy clara y sencilla, pero para mí difícil de explicar y para muchos, difícil de entender. Pero dada su importancia trataré de explicarla con palabras de mi amigo y hermano de comunidad Chale Mántica. Dice Chale:

“La ley de Dios es todo lo contrario de lo que muchos creen. Es como el Manual del Fabricante, escrito por el que nos hizo y nos conoce, para que funcionemos lo mejor posible, buscando siempre lo que más nos conviene y lo que él sabe que nos hará más felices. Si lo que decimos es que Dios nos ha dado una ley para que seamos felices y no para fregarnos, la respuesta es sí. Sí, eso es lo que decimos.

Si lo que decimos es que un mundo de espaldas a Dios se convierte muy pronto en un infierno, la respuesta también es sí, y no tenemos más que mirar a nuestro alrededor para saber que es cierto. Si lo que decimos es que llevo mucho más chance de ser feliz cumpliendo la ley que rompiendo los mandamientos, lo sabemos de sobra por experiencia propia. Pero si lo que decimos es que los que tratamos de cumplir la ley a como dé lugar, la pasamos de maravilla, ya no es tan claro.Y si lo que decimos es que cumpliendo la ley al pie de la letra, tal y como soy, la estoy pasando felicísimo, estoy siendo hipócrita”.

En la  reflexión de la semana que viene nos vamos a sincerar y vamos a tratar de ver dónde está el quid de la cosa. ¿Por qué unas veces la respuesta es sí, y otras veces quién sabe? Hasta entonces, pues, mis queridos lectores.

EL AUTOR ES COORDINADOR DE LA CIUDAD DE DIOS.
[email protected]

 

COMENTARIOS

  1. jose m. fernandez.
    Hace 11 años

    Ni lo piensen,eso es imposible,no se puede romper con el egoismo,pues la parte mas intrinseca,y extremista del amor propio,lo curioso es q’ la religion nos dice q’ fuimos hechos a imagen y semejansa de dios…Y entonces?

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