Como se esperaba, la oposición y la disidencia en Cuba no fueron invitadas a la ceremonia oficial de izada de la bandera de Estados Unidos, en su embajada reabierta en La Habana. Como premio de consolación, el secretario de Estado John Kerry programó recibir después y platicar con ellos en privado, a un pequeño grupo de opositores y disidentes.
Según escribe el periodista independiente de Cuba en el periódico en línea 14Ymedio.com, Reynaldo Escobar, “algunos líderes del entorno opositor se sienten traicionados porque creían tener algún tipo de pacto por la democracia con el Gobierno de EE. UU.” Sin embargo, antes de viajar a Cuba para presidir la izada de la bandera de Estados Unidos, el secretario Kerry aseguró que el tema de los derechos humanos estará “a la cabeza” de sus conversaciones con las autoridades comunistas de la Isla. Kerry prometió que no solo se hablará del levantamiento del embargo, sino también de “la posibilidad de que el pueblo pueda participar en un proceso democrático, elegir personas, tener sus propias opciones”.
Pero no hay certeza de que el gobierno de Estados Unidos vaya a respaldar esas palabras de Kerry con hechos, o sea, que realmente esté interesado en la democratización y los derechos humanos en Cuba. Raúl Castro ha sido enfático y desafiante, al decir que con la normalización de relaciones con EE. UU. no se cambiará el sistema comunista, y se conoce muy bien que el comunismo, como sistema económico o poder político, es excluyente con la libertad, la democracia y los derechos humanos.
Quien sí ha demostrado que lo que dice no es solo de palabra, es Raúl Castro. Desde que él y Obama anunciaron su entendimiento en diciembre del año pasado, la represión se ha incrementado notoriamente en Cuba, lo único que ha cambiado son los métodos represivos.
El diplomático e investigador político estadounidense Elliott Abrams, quien sirvió en posiciones clave de la política exterior de Estados Unidos con los presidentes Ronald Reagan y George Bush, y estuvo vinculado directamente a la lucha contra la dictadura sandinista de los años ochenta, ha hecho una interesante interpretación de la política internacional del presidente Barack Obama.
En un artículo titulado El mundo de Obama: no hay pueblos, tan solo regímenes , publicado originalmente en inglés por The Weekly Standard y reproducido en español por la agencia de noticias independiente Cubanet.org, Abrams sostiene que, para Obama, Cuba es el régimen de Raúl Castro, no el pueblo cubano; e Irán no es el pueblo iraní, sino el régimen de los ayatolas. “Para Obama y su afán de hacer Historia, el pueblo de Egipto —o el de Irán, o el de Cuba— representan un obstáculo, y no el objetivo final del empeño”, asegura el conocido politólogo estadounidense de derecha.
No obstante, el mencionado periodista independiente cubano, Reynaldo Escobar, cree que el gobierno de EE. UU. tendrá la oportunidad de demostrar que realmente le interesa promover la democracia y los derechos humanos en Cuba, “manteniendo las salas de navegación de internet (a las que acceden disidentes), los cursos para comunicadores, el programa de refugiados, las invitaciones del 4 de julio para celebrar el Día de la Independencia y todos los contactos que programaba la Sección de Intereses y que ahora corresponderían a la embajada”.
Eso es lo menos que podría hacer Estados Unidos.
Ver en la versión impresa las páginas: 10 A