Aunque quieran negarnos el derecho de opinar sobre las cifras económicas del Gobierno, no vamos a dejar de hacerlo. Las estadísticas económicas son del mayor interés público y tienen que estar abiertas al conocimiento de los ciudadanos y el debate en los medios de comunicación.
Nosotros no falsificamos las estadísticas, ni hacemos de ellas interpretaciones distorsionadas. Pero sí —y esto debe quedar bien claro—, cuando informamos y opinamos sobre ellas lo hacemos con sentido crítico y con desconfianza en las fuentes gubernamentales. Para nosotros, es una regla de oro la recomendación del maestro colombiano e internacional de ética periodística, Javier Darío Restrepo, de que el periodismo debe desconfiar de las fuentes oficiales por encima de todo, incluso aunque no mientan, pues en todo caso sus versiones son interesadas, incompletas y endulzadas.
Además, al opinar sobre las estadísticas económicas oficiales, nos apoyamos en criterios de economistas profesionales independientes, de reconocida formación académica, experiencia y autoridad para hablar del tema.
Los números económicos, cuando no son falsificados ni maquillados, hablan por sí mismos con suficiente claridad. Por ejemplo, la información de que el salario real de los trabajadores nicaragüenses “va cuesta abajo”, que publicamos el martes de esta semana, la sustentamos con cifras oficiales que demuestran la disminución del salario real de los trabajadores formales casi en diez por ciento desde 2006, mientras que el costo de la Canasta Básica pasó de un poco menos de 3 mil córdobas a más de 12 mil córdobas mensuales.
Al respecto, el economista independiente Néstor Avendaño escribe en su blog que “tomando en cuenta que el 95% del empleo total fue generado por el sector privado en 2014, el poder adquisitivo del salario promedio anual de los trabajadores que laboran en las empresas se deterioró 1.4% promedio anual (en términos acumulados, 19.0%) durante el período 1999-2014”.
Sigue diciendo Avendaño que “la cobertura del salario promedio nacional sobre el costo de los 23 alimentos que integran la canasta oficial de 53 productos de consumo básico, disminuyó de 109.3 por ciento en 2011 a 103.8 por ciento en 2014”. Y también nos informa el profesional de economía, que “con un déficit habitacional de 90% según el IV Censo de Vivienda realizado en 2005, los datos de ingresos de la V EMNV (Encuesta de Medición del Nivel de Vida) de 2009, ayudan a demostrar que el 70% de las familias de Nicaragua no pueden comprar una vivienda de interés social. Además, con los mismos datos de ingresos de la V EMNV 2009, se puede concluir que el 77% de las familias no es sujeto de crédito en el Sistema Financiero Nacional, el 20% de la población que tiene mayores ingresos se apodera del 51.4% del ingreso nacional y el 20% de la población que tiene los menores ingresos apenas capta el 4.8% del ingreso nacional”.
Estos datos no son sacados de ninguna “agenda oculta” para dañar la economía nacional, como dicen con ligereza algunos aliados del Gobierno. Esos números son una muestra de la verdad económica y la realidad social del país, que es necesario conocer para poder transformarla.
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