Para avanzar hacia la normalización plena de las relaciones de Cuba con Estados Unidos, el régimen castrista está exigiendo condiciones que más bien podrían ser obstáculos, con el fin de que el proceso se estanque donde está. Al menos eso es lo que opinan analistas cubanos del interior del país.
Las condiciones principales que exige el gobierno de La Habana son tres. Primero, la suspensión definitiva del embargo económico que el castrismo llama inapropiadamente “bloqueo”. Segundo, la devolución del territorio de Guantánamo donde existe desde 1903 una base naval estadounidense. Y tercero, una cuantiosa compensación económica por los supuestos daños causados por el embargo que se impuso desde octubre de 1960. Hay otras condiciones, pero menores, como el cese de las transmisiones de Radio y Televisión Martí y el fin del apoyo que supuestamente EE.UU. presta a la oposición cubana.
Por su parte, EE.UU. de hecho no pone ninguna condición, aunque se habla de indemnización por las propiedades de ciudadanos y empresas estadounidenses que fueron confiscadas por la dictadura comunista en los años sesenta del siglo pasado. Temas cruciales como la apertura a la libertad de prensa y de organización política y social, y la celebración de elecciones libres y competitivas en Cuba, son penosamente omitidos por Washington.
El fin del embargo a Cuba no depende del presidente Obama, es una ley que solo el Congreso de Estados Unidos puede abrogar. Sin embargo, la administración puede eludir su aplicación en aspectos muy importantes, como de hecho lo viene haciendo desde que comenzó el entendimiento bilateral, a fines del año pasado.
Respecto a la devolución del territorio cubano ocupado por la base de Guantánamo, de acuerdo con el Tratado del 2 de julio de 1903 Estados Unidos simplemente puede darlo por extinguido. Esta condición es fácil de cumplir, pero además es de justo y necesario cumplimiento.
En cuanto a las indemnizaciones, el gobierno de Cuba exige más o menos 100 mil millones de dólares en compensación por los supuestos “daños humanos y económicos provocados por las políticas de los Estados Unidos”. Y por el lado de EE.UU., se conoce que están vivos alrededor de seis mil reclamos de empresas y ciudadanos estadounidenses confiscados por Cuba, por un valor estimado entre siete mil y ocho mil millones de dólares. O sea que según las cuentas castristas, EE. UU. podría pagarse esas indemnizaciones de los 100 mil millones de dólares que debe a Cuba por los supuestos daños del embargo, y aún quedaría debiéndole a los Castro muchísimo dinero.
El gobierno de Cuba ha sido hasta ahora la parte más favorecida en el proceso de normalización de relaciones con Estados Unidos, pues está recibiendo todo prácticamente a cambio de nada. De manera que no sería de la conveniencia del régimen castrista ponerse intransigente en sus condiciones y exigencias a la parte estadounidense.
No obstante, según analistas del interior de Cuba los “moderados” del régimen que lidera Raúl Castro están sometido a la presión de los poderosos “halcones” ortodoxos, quienes ven en la normalización plena con EE.UU. un grave peligro para el sistema comunista, inclusive su desaparición a mediano o largo plazo. Y son ellos, los “halcones”, los que al parecer ponen las exigencias que Obama no podría cumplir aunque quisiera.
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