El lugar donde se nace, está tallado en el alma del ser humano. Es por tal razón que como ya lo he expresado en escritos anteriores, cómo duele el corazón de quienes por múltiples razones y circunstancias estamos alejados de la Patria y nos enteramos de los acontecimientos que, día a día, evidencian el totalitarismo del gobierno ilegal que ejerce el poder en Nicaragua.
Nos embarga la indignación e impotencia observar en las noticias y las redes sociales el abuso de un poder arrebatado ilegítimamente por pandillas sin escrúpulos, sin ideología definida ni principios de ninguna especie, que amasan fortunas producto del hambre de los más desprotegidos, que aducen además que es el país más próspero y seguro de la región solamente por el hecho de controlar y jefear a quienes violan flagrantemente la ley.
Por otro lado, vemos a diputados de oposición haciendo demostraciones de heroísmo y valentía, enfrentando a la Policía y como consecuencia recibiendo golpes después de gritar al gobierno unas cuantas verdades, acciones que fueran mejor apreciadas si lo hubieran hecho desde el principio de su periodo, en vez de permanecer haciendo quórum en la Asamblea, permitiendo al gobierno dar la impresión de ser un pluralista, y avalar con su presencia la creación y reformas de leyes en perjuicio del pueblo, aunque su motivación principal era el no perder su derecho de su abultado salario y otros privilegios. La realidad es que a unos cuantos meses de las próximas fraudulentas elecciones evidencian sus deseos de seguir siendo parte del circo por otro periodo.
Queda claro que la participación de cualquier grupo político en estas elecciones, solo demostrará que siguen haciendo el juego a la dictadura de Daniel Ortega, sin haber conseguido cambios importantes en el Consejo Supremo Electoral y para muestra un botón: la imposición de la magistrada sandinista.
Sin embargo, si el poder de Dios interviene y las nuevas autoridades de la OEA asumen su responsabilidad de mantener la democracia en el hemisferio, y se organiza para observar las elecciones no aceptando imposiciones del gobierno con simple acompañamiento, que es una camisa de fuerza que obstaculiza la observación y que permite el fraude, además del trabajo de fiscales en quienes aflore el patriotismo y defiendan el voto sin escuchar los mandatos de sus líderes partidarios sino los mandatos de su nacionalismo y no se dejan intimidar por los comandos electorales adiestrados por Lenin Cerna y puedan defender el voto como se hizo en los años noventa, con la completa participación de la población demócrata, es seguro que el sandinismo de Ortega será derrotado y resplandecerá la luz de la esperanza. De otra manera seguirá el yugo opresor de la dictadura.
La sangre de inocentes masacrados, Policía y Ejército descaradamente al servicio del dictador Daniel Ortega, asesinos disfrutando de una libertad otorgada por jueces corruptos que no toman en cuenta que sus crímenes fueron realizados a sangre fría y ante testigos, hombres trabajadores como Milton Arcia, cuyos bienes fueron expropiados y humillado públicamente solamente por defenderse de las pretensiones de Ortega de vender el territorio nacional a extranjeros, periodismo independiente silenciado, hambre, desempleo y desesperanza es lo que se percibe desde afuera, y nos hace alzar nuestros ojos al cielo y pedir la intervención de Dios y su justicia divina.
La autora es periodista y escritora nicaragüense.