Los liberales que viven, trabajan y envían remesas a Nicaragua para aminorizar la grave crisis que la mayoría del pueblo enfrenta, piensan y se preocupan por la corrupción y frivolidad con que caminan las instituciones y sobre todo el Consejo Supremo Electoral (CSE), en donde pareciera que es más fácil mover a cualquiera de nuestros volcanes que a un magistrado de ese Poder del Estado, sobre todo a su presidente, doctor Roberto Rivas.
Es contra toda lógica que muchos derechos de los liberales y de todos los nicaragüenses en el exterior, sobre todo en Costa Rica, Estados Unidos, España y demás países centroamericanos, han sido y siguen siendo vulnerados sobre todo por el Gobierno actual, que ha puesto oídos sordos, como lo hicieron los gobiernos de los expresidentes Arnoldo Alemán y Enrique Bolaños (dicho sea de paso “liberales”), sobre temas tan sensibles como la cedulación o el voto.
Muchos se han preguntado qué ocurriría si los nicas en Costa Rica dejaran de trabajar un día, para darse cuenta a los pocos momentos del desastre económico que eso conllevaría para sectores como la construcción, los cortes de café y de frutas y otros sectores de la vida laboral, como las domésticas por ejemplo. Esta misma pregunta ha sido formulada en Estados Unidos respecto a los hispanos, dentro de los cuales los nicaragüenses conformamos una parte de esta sociedad migrante, concluyendo que la economía colapsaría.
Ahora preguntémonos ya en el plano pinolero, que pasaría si los nicaragüenses dejaran de mandar sus remesas a las familias nicaragüenses de todos los estratos sociales, pero más de los sectores empobrecidos. ¡Habría crisis económica instantánea en el país!, y esto no es delirio de la imaginación ni confrontación especulativa sino la pura verdad.
Es por eso que los liberales en el exterior, y también los conservadores, los contras y hasta los sandinistas que han emigrado como los que no están afiliados a ningún partido y no tienen simpatías por estos, queremos que en Nicaragua haya más transparencia y más claridad en el manejo de la “cosa pública”, más ahora que ya entramos al segundo semestre del 2015 y cuando veamos, estaremos en las narices de las próximas elecciones nacionales. Necesitamos que haya un jurado calificador que no traicione la voluntad de los votantes.
Es lamentable que el gobierno del señor Daniel Ortega no entienda que fomentar la democracia y sus valores es la mejor inversión para hijos y ciudadanos, o sea para la familia y el Estado. Es lamentable también que en tantos años no haya sido posible cambiar al presidente del Consejo Electoral y a algunos de los otros magistrados; pero sí es bueno para hacer alarde de que las remesas inyectan positivismo en la macro economía y remarcar el aumento de estas como si fuera un logro de la gestión gubernamental.
No esperamos que nuestros hermanos en Costa Rica, en España o en Estados Unidos dejen de trabajar un solo día, pues el efecto dominó caería también sobre nuestras espaldas.
Los liberales en el exterior tienen derecho a ser oídos.
El autor es Administrador de Empresas y Presidente de los Liberales en el Exterior del PLC.
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