Hoy lunes 22 de junio, los católicos conmemoramos a Santo Tomas Moro, declarado hace 15 años “Patrono de los Políticos y los Gobernantes”, por el Beato Juan Pablo II, con el propósito de que la “eximia figura del santo, —que vivió su intensa vida pública privilegiando el amor a Dios, con vocación de servicio a sus conciudadanos y sencilla humildad—, ayude al bien de la sociedad”.
Esta conmemoración es oportuna, ya que en Nicaragua, la política está mal vista, pues la gente la considera responsable de que siendo el “país más rico de la región centroamericana”, seamos, —desde fines de los ochenta hasta hoy—, la nación más empobrecida de la región.
En su diaria labor pastoral junto a la gente, los obispos han constatado con detalles las “sombras oscuras y preocupantes en el panorama social, económico y político del país”, que contrasta con lo que ellos consideran: “La ausencia de un liderazgo de calidad y comprometido, que norme la acción política, en la que todo parece estar al servicio de personas, grupos de poder y de partido, en detrimento del bien común”.
Ante esta dramática realidad, las personas católicas y de buena voluntad, interesadas en la política, sobre todo quienes ocupan “posiciones de servicio a la población” como el presidente, secretarios, ministros, diputados, alcaldes, concejales, magistrados, jueces, delegados gubernamentales y directores de empresas estatales, debieran rememorar la memoria y el legado de Santo Tomas, si realmente “desean lo mejor para Nicaragua, abriendo horizontes y generando esperanza para toda la nación, en pro de la construcción de una sociedad más justa y más pacífica”.
El desempeño de los políticos nacionales debe mejorar, para estar genuinamente comprometido con la realización del bien común y la promoción de la dignidad humana, para lo cual es conveniente que se conozca mejor el “testimonio de Santo Tomas Moro, ofrecido hasta el derramamiento de su sangre, por la primacía de la verdad sobre el poder, constituyendo un ejemplo imperecedero de coherencia moral y fuente de inspiración para una política que tenga como fin supremo el servicio a la persona humana”.
Para que hagamos de Nicaragua el país con “la mejor calidad de vida de la región”, los funcionarios gubernamentales deben concebir como Santo Tomas que “el gobierno es, antes que nada, ejercicio de virtudes”, y que por lo tanto, deben “poner su actividad pública al servicio de las personas, sin discriminación ni sectarismos de ningún tipo; manejar los recursos a su cargo con honestidad, transparencia y rendición de cuentas; respetar la ley y la institucionalidad; promover el ejercicio de los derechos ciudadanos; y promover la educación integral de la juventud”, ejerciendo los cargos públicos con “desprendimiento de honores, humildad serena y jovial, y seguridad de juicio basado en la fe”, virtudes que le dieron al Santo “la confiada fortaleza interior que lo sostuvo en las adversidades, incluso frente a la muerte”. En efecto, “su santidad se forjó a través de toda una vida entera de trabajo y de entrega, a Dios y al prójimo”.
Sin dudas, tener como referencia para imitar, el testimonio de “ejemplar vida cristiana”, de Santo Tomas Moro, nos ayudará al sector político nicaragüense (Gobierno y oposición), a asumir con eficacia su responsabilidad, para que realicemos el desarrollo integral, sostenible y equitativo del país, en beneficio de toda la sociedad.
El autor es consejero del Partido Unión Demócrata Cristiana