Los politiqueros de ocasión andan enloquecidos ante la perspectiva de que se den elecciones en Nicaragua, lo que les impone desde ya cabildear para la repartición de prebendas, beneficios solapados y candidaturas para cargos, en especial los que garantizan en la Asamblea Nacional varios años de recibir jugosos salarios sin penquearse, formando parte de bancadas adocenadas.
De nada sirve estar erogando sumas multimillonarias en elecciones amañadas, siendo como somos un país súper empobrecido, el más pobre del ámbito centroamericano, con un déficit educacional fuera de serie, en todas las escalas de las diferentes clases de formación, sea primaria, secundaria, universitaria o técnica . Nuestra educación está aplazada y es menester atenderla administrativamente, técnicamente, metodológica y financieramente.
Igual pasa con la salud, acaso están bien invertidos los recursos que se le asignan a este sector. ¿Sector social de primer orden, resorte muy sensible para el desarrollo del país, para la sostenibilidad de la población en general, el que sin embargo se encuentra renco por adolecer de los suficientes recursos económicos, de personal altamente calificado, de modernos equipos, de tecnología de punta, de hospitales, centros de salud, laboratorio, estando igual o peor que la famosa institución siempre deficitaria como es el Seguro Social, el que otorga vergonzosas por no decir míseras pensiones a los adultos mayores, engañándolos con una ley que no se cumple ni se cumplirá.
Por eso cabe preguntarse, Elecciones ¿para qué? Para derrochar millonadas de dólares en alegres festines electorales complacientemente orquestados por las cuadrillas de subordinados funcionarios del Consejo Supremo Electoral, que debía llamarse mejor Consejo Seguro de Estafas Electorales para el beneplácito de la ciudadanía que tanto repudia a ese organismo.
Veamos, se trata del mismo Consejo, de los mismos magistrados, de la mima gente, de la misma trama, de las mismas Juntas Receptoras de Votos, de los mismos inventados coordinadores, de las mismas boletas, los mismos fiscales danielistas, de las mismas cédulas perdidas o falsificadas, en fin de las mismas falsas estratagemas que dejan en pañales los métodos atribuidos a Modesto Salmerón, el mago electoral del somocismo, como lo hay ahora en el Frente.
Elecciones… ¿para qué? ¿Para qué le sirvan a ciertos falderilleros que se reputan de opositores a enlistarse en medio de serias trifulcas internas buscando cómo les caen tipo maná del cielo provechosas nominaciones? Todo en medio de un terrible cacaraqueo pregonando que en Nicaragua hay una democracia formal, aunque en verdad no existe una democracia real, menos representativa o participativa. La verdad es que en Nicaragua no parece existir una auténtica oposición nucleada, por lo menos con la gente de viejo cuño, tal vez con la nueva savia emergente de tantos valiosos jóvenes se podrá lograr, lo que está por verse.
La oposición tradicional se ha contentado generalmente con las migajas que arrojan los mandamases de turno. Así pasó con los Conrado Vado en la época de Somoza mayor, y en la época actual han sobrado esta clase de opositores que no vale la pena ni siquiera mencionarlos, estén en los puestos que estén, porque el pueblo ya los conoce y los repudia y no se dejan engañar por las supuestas nuevas posturas.
Aunque estén emergiendo algunos que otros como “opositores” autocalificándose como redentores seguros, enviados del cielo, asegurando que cuentan con legiones de adeptos, el hecho real es que semejante decir es puro cuento de baja ralea, como también así es el reaparecer de algunos seudos opositores (que no tienen nada de eso) que desde ya andan buscando como continuar medrando desde sus curules, plenamente dispuestos a someterse al proceso burdo eleccionario, les importe un pito que el danielismo con ese apoyo, siga en el poder por secula seculorum .
Si no hay la menor posibilidad de cambiar este negro panorama asegurándose de que si se va a poder llevar a cabo elecciones seguras, sanas, verdaderamente transparentes, con la debida supervisión u observación requerida esta pregunta es válida. Elecciones … ¿para qué?
El autor es abogado, directivo del PUCA.
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