Alejandro Serrano Caldera

La razón y los valores ante la situación actual

En la modernidad que surge del racionalismo y la ilustración, democracia y poder son dos conceptos necesariamente relacionados. La democracia tiene la regulación del poder como un elemento constitutivo de su propia naturaleza. Surge, precisamente, como un sistema político basado en el ejercicio de los derechos de ciudadanía, expresados en la Constitución y en el ordenamiento jurídico, para evitar la violación de los derechos fundamentales de la persona, lo que ocurre como una consecuencia de la concentración del poder y la continuidad indefinida en el mismo.

El poder, por su parte, es una potestad delegada de la voluntad ciudadana a su destinatario, quien debería ejercerlo de acuerdo a la misma y de conformidad con el orden jurídico e institucional que la expresa, y con los valores y principios que la sustentan, pues la democracia, en una de sus expresiones esenciales, es un sistema de límites al poder para impedir la autocracia y el totalitarismo y, en consecuencia, para garantizar el respeto a los derechos fundamentales de la persona y el ciudadano.

No obstante, en el momento actual se observa una crisis de estos conceptos y valores, a consecuencia de una actitud preponderante del poder el que va estableciendo una conducta de transgresión a los límites impuestos por la voluntad general, la ley y la ética. En ese sentido existe una situación extremamente compleja en la que esta actitud se manifiesta y de la que queremos señalar dos expresiones de la misma, que evidencian parte de la crisis contemporánea. Una de ellas está relacionada con la situación histórica y política de América Latina dentro de los países del ALBA y la llamada Revolución Bolivariana. Es el modelo personalista de concentración de poder, de caudillismo, y de ejercicio de una práctica de beneficencia gubernamental, orientada sobre todo a fortalecer el personalismo y la idea del líder insustituible.

En esa práctica política el poder se ejerce arbitrariamente y la práctica totalitaria se encubre, cuando es el caso, en un populismo disfrazado de democracia, en el que progresivamente se va adaptando la constitución, el sistema jurídico y las instituciones a los sistemas que ejercen el poder, para lo cual el ordenamiento legal se transforma en un mecanismo de justificación de las acciones de facto adoptadas por el mismo. No obstante, tal práctica política se autodefine como democracia, en la que curiosamente en vez de cumplir el precepto fundamental que la caracteriza y que es la subordinación del poder a la ley, se realiza, amparado en ese enunciado, la subordinación de la ley al poder. Es la destrucción de la democracia en nombre de la misma.

Otra de las expresiones del debilitamiento de la democracia, la de la globalización y el llamado neoliberalismo, es estructuralmente mucho más compleja, pues se trata de la subordinación directa o indirecta del sistema político, social y ciudadano al poder económico y financiero, en una práctica que se anuncia como de libre mercado y democracia, pero en el fondo se trata del establecimiento del mercado absoluto y de la distorsión de la democracia en nombre, también en este caso, de la misma democracia.

El capitalismo corporativo transnacional, sobre todo en su expresión de capitalismo financiero especulativo, ejerce un poder que está por encima de los derechos ciudadanos y de los valores y principios que los sustentan, y hace de la democracia más un ejercicio formal que una práctica efectiva y un valor real. El libre mercado es sustituido por el mercado absoluto, el beneficio y la utilidad, y se coloca por encima de cualquier otro valor, en un sistema económico y financiero, en el que se aplica la lógica concebida por Maquiavelo para la política de que el fin justifica los medios.

Además de esto, se dan en el mundo las diferentes situaciones bélicas e ideológicas, lo mismo que los fanatismos étnicos, religiosos y culturales, que inciden de manera brutal en la destrucción de la democracia como el sistema político de nuestro tiempo o en el impedimento de su construcción donde aun no existe. Sin embargo, y a pesar de las situaciones anteriormente descritas, el pensamiento crítico y la filosofía política al cuestionar estas formas que expresan la crisis contemporánea, tratan de reafirmar las ideas fundamentales que sustentan una verdadera democracia.

Uno de los rasgos más visibles hoy es la paradoja entre la tendencia hacia la globalización y la tendencia hacia la fragmentación; entre la macro sociedad y la microsociedad; entre la uniformidad general y las etnias y culturas particulares.

Se debilita también la democracia cuando se proclaman y exaltan sus principios en forma retórica, al tiempo que se somete la estructura política, más que a la legalidad y legitimidad, a los controles del poder económico del capitalismo corporativo transnacional, estableciéndose un control, directo o indirecto, del capital sobre el aparato institucional, deformando la democracia, de un sistema de límites al poder, en un poder sin límites.

La situación de crisis exige reafirmar los principios fundamentales de la democracia, conscientes de que diseñar el Estado afianzando su finalidad democrática entre las corrientes y contracorrientes y la multiplicidad de factores encontrados que hoy prevalecen, es una tarea difícil pero absolutamente necesaria.

El Estado, en este proceso de recuperación de la democracia, debe asumir el papel de concertador de los múltiples intereses sociales y recuperar la misión de gestor del contrato social, pues es uno de los factores imprescindibles para alcanzar una forma de cohesión social que garantice la estabilidad y la paz.

A pesar de todo, ante la crisis ética que enfrenta la época contemporánea, una nueva ética está naciendo; ante el derrumbe de los valores, nuevos valores están surgiendo, y en medio de todo, una conciencia crítica y un nuevo pensamiento político, intentan reconstruir la democracia en el plano teórico, y en el práctico proponen una visión diferente del Estado, el mercado y la sociedad civil, la restauración del principio de representación, ampliándolo de manera fundamental a la ciudadanía; asimismo, la descentralización, la participación y la concertación, como mecanismos imprescindibles en la construcción de nuevos acuerdos sociales, nacionales y regionales, como partes de un nuevo contrato social planetario.

¿Podrá esto vencer la voluntad desmesurada de poder desde las diferentes circunstancias en que esta se produce? No sabemos; pero si sabemos que en medio de la oscuridad política general, hay una nueva conciencia esclarecida. La claridad en el análisis y comprensión de los hechos, tienen que contribuir a disipar la conciencia crepuscular predominante. En todo caso, en eso, en esa voluntad de cambio, en esa decisión de regular el ejercicio del poder y reafirmar los derechos de ciudadanía como esenciales, está el futuro de la democracia. De ello depende su ser o no ser.

El autor es jurista y filósofo nicaragüense.

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COMENTARIOS

  1. Miguelo
    Hace 11 años

    No tenemos que ir muy lejos para aprender de la historia. Cuando la gente en el poder le cierra las puertas a la mayoría para ejercer sus derechos elementales, a esta no le queda mas camino que la rebeldía y esta termina quitandole el poder político y económico al poderoso de turno. Desgraciadamente el mismo poder ciega, máxime cuando cree obsterlo en totalidad. El futuro de Nicaragua no lo pueden decidir un grupito de sátrapas piñateros amparados por una banda de turbas nicalasianas…

  2. Carlos Vindas
    Hace 11 años

    Gracias Dr.Serrano Caldera por su análisis de la democracía en nuestro tiempo y como es mansillada por sátrapas para llegar al poder. AL SR. Carlos M Alvarado expliqueme como contra toda lógica la juventud manda y decide ponerse la soga al cuello y mantener a un anciano decrepito ladrón y asesino en el poder, cuando el jóven sueña con cambios, vivir en libertad, progeso y tu LIDER ofrece muerte y pobreza, y para muestra mando a arrancar arboles naturales por armatostes de metal causando inundaci

  3. Ignorante
    Hace 11 años

    Ser Sandinista pero nunca Orteguista

  4. Nica puro
    Hace 11 años

    De acuerdo: Sandinismo SI.
    Dictadura ORTEGISTA NO.
    NO MAS DICTADURAS VENGAN DE DONDE VENGAN

  5. el carolingio
    Hace 11 años

    Es simple,cumplir y hacer cumplir la constitucion de un pais,hacerlo casisagrado y sus enmiendas tomar en cuenta al pueblo.Es todo.

  6. Hace 11 años

    Alejandrito por fin esta correcto, la rampante corrupcion de los regimnes neoliberales burgueses destruyo la democracia burgues donde las familias adineradas compartian el poder como heremcia politica. Eso dio paso a la democracia participativa donde la juventud manda y decide que el FSLN es la mejor opcion em este periodo de la historia.

    1. Hace 11 años

      Estas en un error Carlos. Eso era lo que los verdaderos sandinistas ansiábamos, Pero el orteguismo se convirtió en la nueva burguesía y esta implantando otra dictadura.

    2. Carlos Vindas
      Hace 11 años

      Gracias Dr.Serrano Caldera por su análisis de la democracía en nuestro tiempo y como es mansillada por sátrapas para llegar al poder. AL SR. Carlos M Alvarado expliqueme como contra toda lógica la juventud manda y decide ponerse la soga al cuello y mantener a un anciano decrepito ladrón y asesino en el poder, cuando el jóven sueña con cambios, vivir en libertad, progeso y tu LIDER ofrece muerte y pobreza, y para muestra mando a arrancar arboles naturales por armatostes de metal causando…

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