Acabamos de terminar el mes de mayo, todavía resuena en nuestros oídos toda la propaganda mediática y comercial en relación con la celebración del Día de la Madre.
Ahora comenzamos el mes dedicado al padre, no sin antes haber pasado por la Semana del Niño y la Niña, cuyo día se celebró el 1 de junio. Aunque el Día del Padre pasaría un tanto desapercibido, si no fuera por la propaganda comercial, lo cual es lamentable, puesto que el valor de ambas figuras dentro de una familia es esencial, ninguno es más importante que el otro. Tampoco ninguno de los dos debería “autoexiliarse” de las relaciones con sus hijos, como ha dicho recientemente el papa Francisco. La madre y el padre juntos tienen la noble función y el deber de formar y educar a sus hijos para hacer de ellos personas responsables, trabajadoras y honestas.
En estos dos meses de reuniones, fiestas, regalos, compras, recordatorio de lo importante que son el padre, la madre, los niños y las niñas, hemos celebrado a cada uno de los miembros de la familia por separado. Sin embargo, hay un día que ha pasado en cierto anonimato y al cual no se le ha dado toda la propaganda mediática que a los otros. Tampoco se ha celebrado en los colegios ni en los centros de trabajo. Me refiero al Día Internacional de la Familia que se celebró el pasado 15 de mayo.
En 1994, por disposición de las Naciones Unidas, se celebró el Año Internacional de la Familia; y en la Resolución 47/237, del 20 de septiembre de 1993, se estableció que el 15 de mayo de cada año se celebrara –en todos los países– el Día Internacional de la Familia. Además las Naciones Unidas establecieron que cada diez años sea declarado un “Año Internacional de la Familia”, como lo fue el año 2014. En dicha resolución y en las posteriores se insta a los gobiernos a tomar medidas para el beneficio de la familia, pero estas medidas deben ser subsidiarias, es decir, en ayuda del cumplimiento de las funciones familiares, pero no en sustitución absoluta de las mismas, de modo que la primera responsabilidad por el bienestar de la familia comienza por sus propios integrantes.
Respondiendo a esta recomendación de las Naciones Unidas, en Nicaragua en el recién aprobado Código de la Familia, en el artículo 36 se establece la celebración de la Semana de la Familia, del 9 al 15 de mayo de cada año, para promover y fomentar la unidad, el amor, la armonía, el rescate de los valores familiares y la convivencia familiar.
Este año, a pesar de la entrada en vigencia del Código, la familia no fue celebrada como se merece, quizás porque estábamos muy ocupados recordando a cada uno aisladamente. Pero sin ese grupo familiar bien constituido, los sujetos que la forman pierden su verdadero significado; es verdad que uno nunca deja de ser padre, madre, hijo o hija, aunque la familia se desintegre, pero nada más ventajoso para un niño y una niña que tener una familia unida. Celebrar el Día de la Familia ayudará a tener conciencia de lo que significa “construir una familia”, lo cual se logra paso a paso, creando un clima de amor, respeto y solidaridad, donde el esfuerzo y el aporte de cada uno contribuya al bien común.
En definitiva, con la responsabilidad personal por hacer que ese núcleo —del cual se forma parte— se fortalezca cada día más. Recordando aquella frase que dice “todos los días son de la madre”, igualmente “todos los días son para la familia”.
La autora es doctora en Gobierno y Cultura de las Organizaciones