Su unión es la máxima expresión del contraste. Blanco y negro son los eternos polos opuestos que se han atraído siempre. Su empleo en la decoración es un auténtico clásico, porque toda época ha hallado en ellos la mejor excusa para teñir sus diseños, ya fueran estos recargados o infinitamente puros.
JUEGO BICOLOR
El equilibrio entre la luz de uno y la oscuridad del otro ha sido resuelto con maestría por el interiorismo, ya que este juego bicolor ha sido recurso protagonista de muchos proyectos: su atractivo es imperecedero.
Si bien es cierto que no podemos atribuir a este dúo el origen de un estilo o movimiento artístico, sí que podemos mirar al pasado para encontrarlo en diferentes momentos de esplendor. Un ejemplo tradicional son los suelos de damero que podemos hallar en salones neoclásicos, cocinas rústicas y baños decó.
A la hora de conjugar con éxito todos los componentes del espacio, la iluminación juega un papel fundamental.
El blanco es el resultado de la superposición de todos los colores, mientras que el negro es la ausencia total de luz, ya que la absorbe por completo. Estos aspectos, más físicos que decorativos, deben tenerse muy en cuenta puesto que, queriendo vaciar de penumbra un rincón sombrío, podemos chocar con el efecto multiplicador del blanco.
COCINA Y BAÑO
En la cocina, el lacado cada vez está más presente entre fogones. Si elegís los muebles en blanco, tendrás que vestir la encimera de negro, pero también es adecuado invertir la selección, señala el portal argentino especializado Los Andes.
Respecto al baño, los revestimientos cerámicos cumplen un papel esencial. Zócalos de azulejos blancos, empapelados en negro con pequeños motivos plateados, espejos en plata, cortinas con motivos atrevidos.
ELEMENTOS
Otros elementos usuales son las lámparas de cristal negro o las alfombras de cebra. Pantallas de piel de potro, cojines de pelo blanco, alfombras de vacuno en damero blanco y negro, butacas de madera negra.
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