La avidez de poder de Daniel Ortega no tiene límite. Controla todas las instituciones, organismos y dependencias del Estado y del Gobierno, civiles y militares. Tiene bajo su poder o influencia determinante, a la casi totalidad de organizaciones sociales y gremiales. Son muy pocos los medios de comunicación social que permanecen libres e independientes, pero Ortega les impide acceder a la información pública.
Ahora Daniel Ortega va por el control de internet y para eso impulsa una denominada Ley de Promoción y Desarrollo de la Red Nacional de Telecomunicaciones. Mediante esta ley se pretende crear una empresa estatal de la red de banda ancha, la cual “sería un punto de interconexión nacional que canalizaría toda la información que los usuarios crearan desde sus computadoras, permitiendo el acceso, por ejemplo, a información de correos, contenidos y nombres de usuarios a quien administre la empresa”, así lo explicó para los lectores de LA PRENSA el experto en tecnologías de información, Norman García, en la nota periodística publicada ayer bajo el título: Gobierno insiste en papel de ciberpolicía .
No es la primera vez que Ortega intenta controlar internet por medio de una disposición legal. Como se recordó en la misma información publicada ayer: “En el año 2013, mediante reformas a la Constitución y al artículo 92 de la Carta Magna, bajo el argumento de (asuntos de seguridad nacional), el Instituto Nicaragüense de Telecomunicaciones y Correos (Telcor) intentó controlar la información que circulara por el ciberespacio al otorgarle al Ejército de Nicaragua tal función de control”.
Ortega quiere colocar a Nicaragua al lado de China comunista, Corea del Norte, Cuba y Rusia, entre otros, donde no hay libre acceso a internet y la comunicación es controlada, espiada y restringida por el Estado.
El asunto es muy claro. La internet libre es parte y condición indispensable de una sociedad abierta y democrática. Por el contrario, el control estatal de internet es propio de sociedades cerradas, con regímenes antidemocráticos e intolerantes, como son los países antes mencionados.
No fue por casualidad que en la Conferencia Mundial de Telecomunicaciones Internacionales, realizada a mediados de diciembre de 2012 en Dubái, los representantes de los países menos democráticos del mundo, liderados por China y Rusia, insistieron en proponer el control de internet por los Estados. Pero tampoco fue casual, por lo consiguiente, que Estados Unidos, Canadá, Alemania, Inglaterra, Australia y otros países sólidamente democráticos, se opusieran a tal propuesta totalitaria.
En el 2013, la pretensión del orteguismo de imponer el control estatal de internet, por medio del Ejército, fue contenida por la oposición de la sociedad civil, sectores políticos democráticos y sobre todo la empresa privada, cuya eficacia depende de una conexión libre en la red y por tanto sería muy perjudicada por el control estatal.
Ahora hay que volver a cerrar filas en la defensa de la libertad en internet. Y por razones obvias, le corresponde al Cosep desempeñar un rol de primordial importancia en esta defensa. Lo hemos dicho muchas veces y lo repetimos de nuevo: Daniel Ortega podrá llegar en su afán totalitario solo hasta donde se le permita que llegue.
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