Marvin Saballos

Darío, desplazado de guerra

Para enero de 1914 Rubén reside en Paris, en un confortable apartamento que le es asignado como director literario de la revista Mundial Magazine, lujosa publicación mensual ilustrada, editada en la Ciudad Luz y que circula por todos los países latinoamericanos y España; el prestigio y fama de Rubén es el puntal de la revista. También mantiene su trabajo como cronista del importante diario La Nación de Buenas Aires. Económicamente se encuentra en un período de relativa estabilidad, aunque su salud se encuentra resentida. Viven con él su mujer española, Francisca y su querido hijo Güicho, Rubén Darío Sánchez; el errante nica tiene una familia, reposa en un hogar.

Detona en Europa la Primera Guerra Mundial, en agosto Paris es rápidamente cercado por los alemanes. Mundial Magazine es clausurado y el apartamento cancelado. Darío se queda sin empleo, solo le quedan los ingresos como cronista de La Nación, insuficientes para cubrir los gastos de manutención propios y de la familia, además de sus gastos médicos.

Dice Rubén: “Desde hace tiempo residía en París, allá me encontraba cuando estalló la guerra, naturalmente, la empresa editorial de Mundial interrumpió sus trabajos, como los interrumpieron también muchísimos otros, de distinto género. Los que trabajaban ya con el cerebro, ya con el músculo, fueron camino de la guerra a ofrendar sus vidas”.

Darío sufre directamente las consecuencias de la guerra, sus trastornos nerviosos se agudizan, es por ello que no tiene más remedio que abandonar la ciudad: “A causa de los bárbaros (los alemanes) a las puertas”. “A la verdad, fuera de motivos íntimos que me hacen sufrir mucho y que me hacen llevar una vida nerviosa e inquieta, bueno es alejarse de Paris en mi caso”.

Podemos decirlo, es un damnificado de guerra, un desplazado que marcha en busca de otros horizontes de subsistencia y de continuidad de su obra creadora.

Rubén parte a Barcelona. Allí, alquila una vivienda, el poeta la describe como “Torre ideal, cerca del (río) Tibidabo: jardín y huertos a un lado; tranvía cerca; baño, luz eléctrica, timbres, la mar de piezas, todo amueblado, todo listo… he aquí lo que yo necesitaba: esta soledad sana, con sol, y frutos, y flores, y pájaros y solo viéndolo se cree”, según manifiesta en carta de esas fechas a Julio Piquet. Pero el solaz no le dura mucho, y expresa: “Yo no puedo continuar en Europa, pues ya agoté hasta el último céntimo. Me voy a América, lleno del horror de la guerra, a decir a muchas gentes que la paz es la voluntad divina. Comenzaré por los Estados Unidos y el México devastado por fraternales rencores”.

Con la esperanza de obtener ingresos en América le deja a su familia pagada la renta hasta el mes de enero de 2015 y en octubre parte hacia Nueva York, primera escala de la proyectada gira por la paz.

Su llegada a Nueva York en noviembre 1914, es celebrada por los círculos intelectuales y periodísticos, escribe alguna crónica en el New York Times y en la Universidad de Columbia da lectura a su poema Pax. Fue la única conferencia en Nueva York. Darío enferma gravemente, por varios meses pasa duros momentos de crisis de salud y económica, logra salir hacia Guatemala en abril del año siguiente, de donde continúa su peregrinar hacia Nicaragua.

El poema Pax, es un canto de cisne herido; es un poema cristiano, profundamente mesiánico y apocalíptico, ya que considera que la paz se alcanzará únicamente con la venida final del mesías en un apocalipsis redentor.

Esta es la esencia de PAX, la esperanza profética de paz del hombre que horrorizado por la cruenta contienda de la Primera Guerra Mundial, damnificado económicamente, se ve desplazado de guerra, llegando finalmente a su tierra natal a encontrarse con la paz de la eternidad.

El autor es sociólogo

Opinión
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