Los países latinoamericanos son en parte subdesarrollados, pues la ansiedad de la existencia misma, la sobrevivencia o la lujuria del poder viene de un ser omnisciente, omnipresente y omnipotente, creando de esta manera, la enajenación del pensamiento. Se enseña desde el seno familiar, se refuerza en las escuelas y es más notorio aún en los colegios católicos privados y en las universidades que se autodenominan con enseñanza cristiana.
El politólogo Andrés Pérez Baltodano, profesor de la Universidad de Western Ontario, Canadá, en su libro Del estado conquistador al estado nación afirma que el providencialismo está sentado en dos pilares, que son: el fatalism o y el pragmatismo resignado. El fatalismo es la aceptación que agobia a la sociedad: indigencia, falta de salud, educación y de trabajo, lo cual es tomado por la población, desde la conquista española, como “designios”, tanto en Nicaragua como en los demás países latinoamericanos en los que se impuso el catolicismo de la contrarreforma que se sacralizó con la conquista. El caso de los jesuitas en las cataratas del Iguazú, fue la excepción y no la regla.
El pragmatismo resignado consiste en la inoperancia acrítica y descontextualizada, de los gobiernos de turno, desde la colonia, dejando casi congelado el status quo, cayendo en reformas tras reformas, a las constituciones. Sucedió con la libérrima y el estado laico que impuso José Santos Zelaya no permitió siquiera que los sacerdotes anduvieran con sotana fuera de sus templos; aún así, Zelaya reformó la Constitución, terminando en una dictadura, fue un paso cualitativo sin un programa visionario.
En Nicaragua no tuvimos la ilustración que tuvo Europa en el siglo XVII, hemos sido transculturizados políticamente, igualmente ocurrió en América Latina. La colonia, lo que hizo fue traspolar las constituciones europeas y retomar el rol del rey, sacralizado por la iglesia.
En las elecciones de 1990, a pesar que había mucha gente capaz, que estaban preparados para ganar con la Unión Nacional Opositora (UNO), hay un hecho, entre tantos, que podría encuadrarse en un acto de pragmatismo resignado, según mi manera de ver: la permanencia, por cuatro años del general Humberto Ortega, cuando debió haber sido desde el 25 de abril, el general Joaquín Cuadra Lacayo, el encargado de la institucionalidad del Ejército.
Del providencialismo, el fatalismo y el pragmatismo resignado nace el caudillismo como cultura política, o “cultura cristiana”, tal como se expresa el sacerdote católico Silvio Fonseca, hombre versado en temas familiares.
Opino que la pobreza, la incultura y la ansiedad de la existencia, a como expresé al comienzo, fue un caldo de cultivo para la proliferación del providencialismo y he venido analizando desde los años ochenta que en este país, que estuvo sumido en una guerra, surgieron las sectas protestantes: Asambleas de Dios, Pentecostales, Testigos de Jehová, Pare de sufrir, El camino antiguo y centenares más: Los pastores hacen unos cursos sabatinos y se les acredita para construir su templo, sea en el campo o la ciudad, de tal manera que el protestantismo nicaragüense no es el mismo que el anglosajón, en donde la relación con su Dios es más personal y menos fantasiosa que en nuestros países.
El politólogo Pérez Baltodano nos invita, con su libro, a entrar al pensamiento crítico del cual carecen nuestros líderes políticos e intelectuales.
El autor es médico.
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