El miércoles 22 de abril se publicó en LA PRENSA una entrevista titulada El Gobierno ha dejado trabajar al empresariado , con el empresario salvadoreño Enrique Quirós, vicepresidente del Grupo Q, una empresa de gran calado establecida en cinco países de Centroamérica.
Quirós se refería al Gobierno de Nicaragua y su declaración fue impactante, porque se conoció al mismo tiempo que el empresario nicaragüense Milton Arcia ha denunciado al régimen de Daniel Ortega porque no lo deja trabajar y lo acosa implacablemente de diversas maneras, incluso con la demolición de un hotel en construcción. Esto aparte de otras acciones gubernamentales contra empresarios privados, incluyendo extranjeros, que se han conocido por publicaciones de la prensa independiente.
El periodista de LA PRENSA preguntó al directivo del Grupo Q su opinión sobre el caso de Arcia, aunque sin mencionarlo por su nombre. “¿No les preocupa las recientes denuncias de empresarios nacionales que reportan expropiaciones a sus inversiones?”, preguntó el entrevistador al empresario salvadoreño. Y este respondió: “Uno no se puede mantener ajeno a lo que pasa en un país, pero hoy por hoy lo que hemos visto realmente no nos preocupa, eso sí, no niego que sí observamos lo que está pasando”.
A quienes desde los medios de comunicación independientes, partidos democráticos y organizaciones de la sociedad civil critican el sistemático socavamiento de la institucionalidad democrática causado por el Gobierno de Daniel Ortega desde el año 2007, les parece extraño que sea legitimado porque “deja trabajar al empresariado” y solo actúa contra ciertos empresarios.
Es que se ha creído que la actividad empresarial, por su propia naturaleza, requiere de plena libertad política, Estado de derecho y justicia independiente —valores esenciales de la democracia—, y que por consecuencia el empresariado debe enfrentarse a los gobiernos que violan esas instituciones fundamentales. Pero no necesariamente es así. Es cierto que la economía capitalista funciona mejor en una sociedad abierta, donde hay democracia y oportunidades iguales para todos, pero también marcha provechosamente en sociedades regidas por sistemas autoritarios de gobierno, incluso bajo dictaduras extremas de derecha o de izquierda.
La empresa privada funcionó muy bien en Chile, durante la dictadura militar derechista de Augusto Pinochet. Funciona espléndidamente en China, sometida por la férrea dictadura del Partido Comunista. Ha funcionado exitosamente en Singapur, bajo una dictadura radical de derecha y funciona excelentemente en Cuba, donde no hay ninguna forma de democracia pero los capitalistas de Estados Unidos y Europa llegan en tropel para aprovechar las grandes oportunidades que les ofrece el régimen castrista.
No en balde Iván Krestov, científico político búlgaro que preside el Centro de Estrategias Liberales, de Bulgaria, y es miembro del Instituto de Ciencias Humanas de Viena, autor de varios libros sobre la relación del capitalismo con la democracia, ha advertido que no es el fin de la historia anunciado por Francis Fukuyama lo que nos debe preocupar, sino el fin de Occidente tal como se le ha conocido, es decir, con libre mercado más democracia liberal.
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