Edmundo Jarquín

De cara al 2016

Uno de los problemas que están afectando estos días la situación política de dos de las democracias más importantes de América Latina, Brasil y Chile, es la corrupción, vinculada en varios de los casos denunciados a la financiación de las campañas electorales.

El financiamiento de la política es un tema crítico de la democracia. Si la democracia en su fundamento esencial, es que el pueblo decida quién le gobierna, el principio básico es que los ciudadanos puedan votar libremente.

Votar libremente significa no tener temor —a represalias, al respeto de la secretividad del voto, a que los votos se cuenten bien, etc.— y estar bien informado de las diferentes opciones, los candidatos, sus antecedentes y el programa que ofrecen.

Para lo anterior, y por tanto para la equidad en la competencia electoral, son esenciales la libertad de expresión y tener financiamiento mínimo para la organización, movilización y publicidad.

El caso es aún más pertinente para nuestro país. Cuando el día de las elecciones de 2011, a las 2:00 de la tarde, el jefe de la Misión de Observación Electoral de la OEA, Dante Caputo, convocó a una conferencia de prensa para decir que por la obstrucción del Gobierno para acreditar observadores en un número significativo de mesas electorales, se habían quedado sin capacidad de saber qué estaba ocurriendo en las elecciones (“nos falló el radar, no, no nos falló, nos lo taparon”, dijo mientras con la mano gesticulaba como tapando la boca de una botella), en el equipo de dirección de la campaña de Fabio Gadea Mantilla, candidato presidencial de la oposición a Ortega por la Alianza PLI, se inició una discusión sobre si desconocer de inmediato o no, los resultados electorales.

Desconocerlos hubiera creado una crisis de legitimidad a la inconstitucional reelección de Ortega. Prevaleció la posición contraria, con el argumento de que, como lo había anunciado el orteguista presidente del Consejo Supremo Electoral (CSE) no autorizaría el reembolso de fondos por la campaña electoral a quienes alegaran fraude y la Alianza PLI se había endeudado con los bancos con la fianza del CSE para el repago.

Fue un error histórico. Ortega se adjudicó dos terceras partes del voto, cuando nunca antes había obtenido más de la tercera, y sobre todo, el monumental fraude pasó internacionalmente desapercibido por la impotencia que mostramos en la oposición. Con la eventual crisis de legitimidad, como mínimo, el CSE habría autorizado el repago a los bancos.

El tema importa por nuestro futuro inmediato: las elecciones de 2016.

La pretensión de reelección y dinástica de Ortega, es obvia. Esta pretensión, como lo demuestra nuestra historia, compromete las posibilidades de democracia y prosperidad para Nicaragua, pues invita a otro ciclo de violencia.

Las elecciones de 2016, tal como están proyectadas, son una farsa. ¿Qué opciones tenemos, entonces?

Primero, que se unifique la oposición. Esto depende, fundamentalmente, del Partido Liberal Independiente (PLI), donde últimamente se ha agrupado el antiorteguismo histórico, y esa unificación debe incluir, como condición esencial, al MRS, que se ha acreditado como una oposición creíble al orteguismo y se ha ganado la confianza de los tradicionales sectores antiorteguistas, incluso en el conocido como “corredor de la contra”.

Segundo, que la oposición se unifique en torno a un candidato creíble, que encante, que ilusione. Difícil pensar que ese candidato no sea de “ruptura” con el pasado, y por tanto no debe ser percibido como parte de la política del pasado y esta condición nos incluye a muchos.

Tercero, que tanto el candidato presidencial y su vice, así como la lista de candidatos a diputados deben, para ser creíbles, comprometerse públicamente a que no ocuparán curules legislativas si los resultados electorales, como en 2011, son cuestionables.

Cuarto, que no se dependa de financiamiento bancario, para no exponerse al riesgo de 2011. Campaña de a pie, y pagada por los ciudadanos.

Finalmente, y como lo han pedido tantas voces, que hayan condiciones —empezando por el CSE y la observación electoral— que garanticen unas elecciones creíbles desde el punto de vista democrático.

Más de lo mismo no hace bien a nadie, incluyendo a los orteguistas. No le hace bien a Nicaragua.

El autor es excandidato a la Vicepresidencia de la República.

COMENTARIOS

  1. roberto
    Hace 11 años

    Es interesante como en esto de la politica, y el dialogo eterno de quien es culpable o no de la continuidad gubernamental que ahora nos ofrece Ortega, cobijada con una Democaracia solapada y la cual es el resultado no solamente de la forma en que el maneja la imposibilidad de ganarle en unas elcciones claras y diafanas, aunque ya sabemos que aquellos que las observaran con el permiso de Ortega, diran que fueron absolutamente limpias, sino que tambien es el producto de nosotros mismos que no

  2. daniel meza
    Hace 11 años

    Don Mundo lo primordial es el cambio total del poder electoral de lo contrario nos atendriamos a otro fraude y mas de lo mismo , la union o el lider es irrelevante pues lo ideal son elecciones libres y transparentes , el pueblo nicaraguense es noble y pacifico por eso acude a las urnas en masa el problema son los dictadores de mente cerrada .

  3. Hace 11 años

    Qué interesante la confesión de don Mundo Jarquín, indudablemente que él sabía de la entrega de las elecciones a daniel pero lo más vergonzante es que no hicieron absolutamente nada por reclamar la victoria de don Fabio y vendieron a Nicaragua por unos cuantos dólares más. Me pregunto si podrán ser creíbles estos señores si se presentan otra vez en las futuras elecciones? Que responda nuestro pueblo! Se necesita gente de verdaderas convicciones patrióticas no mercaderes.

  4. roberto
    Hace 11 años

    abandonarlo o dejarselo quitar por la oposicion, como les habia sucedido en los 90

  5. roberto
    Hace 11 años

    una cosa juzgada de antemano con un resultado tan obvio, que no habia que tener la menor duda sobre de el mismo. Ahora estamos ante las nuevas posibilidades de desbancar a Ortega del poder a traves del sufragio electoral,y pensamos que si lo hacemos de esta forma o de esta otra, podriamos asegurarnos una posibilidad de Victoria, entonces senores ya nos hemos olvidado de las palabras del Comandante Borge, quien en una ocasion dijo que la revolucion Sandinista habia retomado el poder para no

  6. monina
    Hace 11 años

    ni vos le haces bien a nicaragua, vos apoyaste a ortega y mira como dejaron a nicaragua , empobrecida, ignorante y desbaratada, es q no te da verguenza? la unica razon porq esta ahi hablando, es porque no te han dado de lamber el cumbo, politiquillos como vos de quinta clase lo unico q saben es enriquecerse y mantener el pais empobrecido, ignorante y desbaratado, vergonzoso, mientras vos salgas en la prensa nicaragua seguira hecha quita, necesitamos lideres que piensen con la cabeza

  7. roberto
    Hace 11 años

    Me parece que el gran problema que existe en el pais es la dominancia del sistema electoral asi como el recuento de esos votos que el gobierno del Sr. Ortega posee, y si creemos que el Sr. Mantilla fue despojado de una Victoria presidencial autentica, la misma no se justifico, cuando el tally final de esas votaciones, obviamente controladas ya sabemos por quien y quienes se dio a conocer. Wue importa si el Presidente Ortega les fueron adjudicados 2/3 de los votos nacionalmente. eso senores era

  8. ramiro
    Hace 11 años

    Que se haga una verdadera recolecta de firmas a nivel nacional, pero manejadas estas recolectas por mujeres opositoras (no por políticos), en contra del CSE actual. Nadie los quiere.

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