La historia siempre ha registrado guerras y batallas sangrientas por motivos religiosos. Las más conocidas son Las Cruzadas, la primera iniciada al final del año 1000 y promovida por cristianos contra los turcos. Otra fue La Santa Inquisición, cuya primera acción fue en contra de “los herejes” cátaros en Europa. En tiempos modernos sabemos de las guerras fraticidas entre protestantes y católicos en Irlanda. Pero en años muy recientes y con el crecimiento exponencial de los musulmanes, que ya son más que los católicos y evangélicos juntos, se está dando un fenómeno inédito, pues a la par del celo religioso hay un fin político de control mundial, en el cual “los infieles” —o sea los no musulmanes— deben ser exterminados. Y todo basado en el Corán, que para ellos equivale a la Biblia judeocristiana.
El Corán tiene en Allah o Alá al mismo Dios de los cristianos. La tradición dice que el profeta Mahoma (Muhammad SAW) recibió el Corán, como revelación, de manos del arcángel Gabriel, hace más de 1,500 años, escrito en lengua árabe. Consta de 114 suras —capítulos— detallados en aleyas —versículos—. Es Monoteísta y solo acepta a Dios como Dios y a Jesús como profeta y mensajero, no como Dios: “Él es Allah, la única divinidad” (Sura 112, aleya 1). Fundamentado en el Corán el islamismo tiene cinco pilares: El Testimonio, La Oración, La Ofrenda (limosna), El Ayuno, y La Peregrinación. Pero han agregado un sexto pilar: La Yihad (la lucha o guerra), que es la búsqueda de la perfección religiosa al extremo, pero que recién en un replanteamiento geopolítico, sobre todo en el Cercano Oriente y África, la yihad es guerra contra los infieles que amenazan los territorios y recursos que milenariamente han sido islamitas.
Los actuales líderes islámicos formaron ISIS (Islamic State in Iraq and Syria) [cuyo antecedente es el Al Qaeda de Bin Laden], con capital en Mosul, al noreste de Iraq y con estructura de Califato o sea una República cuyo jefe de Estado, Califa, tiene autoridad religiosa, civil y militar con pleno control territorial. Este modelo de gobierno tuvo su real efectividad en tiempos del Imperio Otomano en el siglo XVI. En una mezcla religioso-militar los islamitas creen que son agentes protagónicos de la escatología (o sea de los eventos históricos de los últimos tiempos, similar al Apocalipsis de Juan, en la Biblia cristiana). Creen que es inminente el fin del mundo y que hay que luchar contra los infieles, como un deber y una obligación ineludible, pues Allah les llamará a cuentas. Hace pocas semanas el movimiento militar islamita Boko Haram, que opera en África Occidental y que pretende crear un Estado Islámico entre Nigeria, Níger y Camerún, hizo pacto de alianza con ISIS, adhiriéndose a sus principios y estrategias. Tal desarrollo de eventos crea dos frentes religioso-militares de gran actividad, uno en el Cercano Oriente y el otro en África Occidental.
Gran parte de la juventud europea, sobre todo de Inglaterra, Francia, Holanda y otros países, simpatiza con ISIS y se suma a sus combatientes, como un “lavado de la cara” al antecedente colonialista de sus generaciones anteriores. Esto hace más confuso y difícil el análisis de esta lucha que amenaza a ensancharse a nivel mundial, y que por su violencia parece confirmar que estamos “en principio de dolores”, como dice la Palabra.
El autor es Rector Fundador de laUPOLI.
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