En Nicaragua se ha comenzado a hablar de franquicias como un modelo de negocio que garantiza el éxito de la inversión, minimizando el riesgo y aprovechando la experiencia del franquiciante y en días recientes Central Law Molina & Asociados promovió la participación en nuestro país del experto internacional de nacionalidad mexicana, doctor Juan Manuel Gallástegui.Esto lo hicimos ante la necesidad de profundizar en la importancia de las franquicias. En nuestro país. Veamos. La franquicia tiene varias ventajas sobre los minoristas independientes, tales como: Reputación, pues es un sistema de licencias establecido y bien conocido, el franquiciatario no tiene que trabajar para establecer la reputación de la firma. El producto o servicio que se ofrece ya es aceptado por el público.
Otro elemento de importancia es el capital de trabajo, cuesta menos dinero operar un negocio de concesión, porque el franquiciante brinda buenos controles de inventario y otros medios para reducir gastos, e incluso puede dar asistencia financiera para gastos operativos y si sumamos la experiencia, es decir, el Know-How dado por el franquiciante, compensa la inexperiencia del nuevo propietario y además, la asistencia gerencial, en donde el propietario tiene que aprender de todo, y un minorista experimentado puede no ser un maestro en todos los aspectos de finanzas, estadísticas, marketing y promoción de ventas; las mejores compañías de franquicia le dan al franquiciatario asistencia continua en estas áreas. Otro elemento a tomar en consideración es lo relativo a las utilidades, pues al asumir unos costos razonables de franquicia y convenios sobre suministros, el franquiciatario usualmente puede esperar un razonable margen de ganancias, porque el negocio se maneja con la eficiencia de una cadena.
Ahora, qué tal si pensamos hacer de nuestro negocio una franquicia; es decir, que nos convirtamos en franquiciantes, creando un formato dirigido a la comercialización del mismo, mediante el cual concedemos al franquiciatario el derecho de usar nuestra marca, transmitiéndole los conocimientos técnicos necesarios que le permitan comercializar con éxito nuestra propia franquicia con métodos comerciales y administrativos uniformes, obteniendo de esta forma un crecimiento en el cual ambas partes salgan fortalecidas.
El crear una franquicia traería un acceso a una nueva fuente de capitales; nos evita los gastos fijos elevados que implican generalmente un sistema de distribución; nos asocia con distribuidores independientes, pero altamente motivados por ser propietarios de sus negocios; nos permite cooperar con los hombres de negocios bien expertos en dichos temas.
Pero no se puede concebir que un negocio sea susceptible de franquicia, si sus marcas que lo distinguen no están debidamente protegidos por una parte o cualquier otro medio legal previsto en la legislación; y además, la importancia que reviste el que la marca del franquiciante tenga el reconocimiento del público dentro del mercado. En las franquicias, muy a diferencia de la licencia de marcas y de los contratos de distribución, el franquiciante debe vivir por y para el franquiciatario. La teoría indica que todo debe girar en torno al franquiciatario; la asesoría, el apoyo logístico y operativo, los insumos, los proveedores, etc.
Es un compromiso y un viaje al éxito de dos empresarios, para lo cual es necesario no improvisar y minimizar los riesgos, poniéndose en manos de expertos en todas las fases del desarrollo de un sistema de franquicias, desde la definición del formato de negocio a franquiciar y la elaboración de los manuales operativos, hasta la comercialización e implantación del sistema.
El autor es abogado y fue presidente de AmCham