Cuando en 1956, Ozzie Virgil estableció el puente que conectaría a República Dominicana con las Grandes Ligas, nadie previó que sería transitado con tanta frecuencia y de forma tan exitosa por sus compatriotas.
Sin embargo desde aquel momento, en el que Virgil se unió a los Gigantes de Nueva York, 635 dominicanos han debutado en las Mayores, a un ritmo de 10.76 al año, lo que habla del talento y trabajo de los quisqueyanos.
Esas serían cifras frías, si no apreciáramos el impacto que ello tiene en la sociedad dominicana en general. El beisbol se ha convertido en una industria sin chimenea para la isla, valioso como el turismo y las zonas francas.
En este momento, hay 83 dominicanos en las Grandes Ligas, según el reporte de Major League Baseball. Y de acuerdo con el analista Antonio Puesan, eso garantiza 423 millones de dólares en salarios para los quisqueyanos.
Gran parte de esa plata va a ingresar a Dominicana y se traduce en fuentes de trabajo. Hay construcciones de viviendas, inversiones en negocios y sobre todo, una esperanza para un país muy golpeado por la pobreza.
Cuando se levantó el telón de los campos de preparación primaveral este año, había 157 dominicanos ahí. De ellos, 83 hicieron el grado y además de enviar plata a su país, son un ejemplo de superación para la juventud.
Entre Denis Martínez (1976) y J. C. Ramírez (2013), trece nicas han alcanzado la cima del beisbol, a un ritmo de uno cada tres años, cifra discreta, pero natural cuando no se dispone de un plan ni de la infraestructura para desarrollar talento.
Dominicana tiene éxito. Significa que es posible dar ese salto hacia el futuro.
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