“No fue accidente, fue asesinato”, coreaban afuera del Complejo Judicial de Matagalpa, vecinos y amigos de Cristopher Efraín Rivera Zeledón, el joven universitario que murió tras recibir dos balazos de fusil AK, presuntamente asestados por Alejandro González Martínez, quien es procesado por homicidio.
A gritos, los pobladores exigían “justicia”, mientras González enfrentaba la audiencia inicial del proceso en el Juzgado Único de Distrito Penal de Audiencias de Matagalpa, donde la fiscal auxiliar, Daniela Palma Rizo, presentó el intercambio de información y pruebas con las cuales cuenta el Ministerio Público, para sostener la presunta responsabilidad del acusado.
González es un policía voluntario y el sábado 21 de marzo llegó a Matagalpa, según él, para visitar a su abuela. Pero, de acuerdo con la acusación, al pasar por la casa de Rivera, en el barrio El Porvenir de la ciudad de Matagalpa, abrió una verja y entró a la sala, realizando tres disparos con un fusil AK en contra del muchacho que estaba a dos metros en un sofá. Dos balazos impactaron al universitario, uno en la pierna izquierda y otro en la ingle.
El peritaje balístico, ofrecido por la fiscal, apunta que la trayectoria de las balas “fue de arriba hacia abajo” y enfatiza que “el tirador se encontraba de frente a la víctima y bastante cerca a la hora en que se produjeron los disparos”.
Pide sustento
La defensora pública, Fátima Granados Pravia, pidió a la judicial que mandara a sustentar los elementos ofrecidos por la Fiscalía, considerando que el peritaje balístico comprendía circunstancias “de las que claramente se desprende que podemos estar ante un delito a título de imprudencia, lo que podría cambiar la calificación legal provisional (…) inclusive cambiar la competencia objetiva del judicial que debería conocer la presente causa”.
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