El papa Francisco, de 78 años, ofició bajo una fuerte lluvia la misa solemne de ayer en la explanada de la basílica de San Pedro. A la izquierda del altar se expuso un gran icono de Cristo. LA PRENSA/ EFE

Papa exige el cese de las tragedias

El papa Francisco exigió ayer, con motivo de la Pascua, que cesen las tragedias y persecuciones en África y Medio Oriente, en un clima de violencia en nombre de la religión ensombrecido aún más por la matanza de cristianos en Kenia.

El papa Francisco exigió ayer, con motivo de la Pascua, que cesen las tragedias y persecuciones en África y Medio Oriente, en un clima de violencia en nombre de la religión ensombrecido aún más por la matanza de cristianos en Kenia.

“Que todas las personas de buena voluntad eleven una oración incesante por aquellos que perdieron su vida y pienso muy especialmente en los jóvenes asesinados el pasado jueves en la Universidad de Garissa, en Kenia”, dijo Francisco desde el balcón de la basílica de San Pedro antes de impartir su tradicional bendición Urbi et Orbi.

Hacía referencia a la masacre de los yihadistas somalíes shebab contra estudiantes, en su mayoría cristianos, de la Universidad Garissa de Kenia, que dejó 148 muertos.

“Quien lleva en sí la fuerza de Dios, su amor y su justicia, no necesita usar la violencia” amonestó, refiriéndose a los grupos religiosos que recurren a la guerra, pero sin mencionar a los movimientos yihadistas.

POR IRAK Y SIRIA

El papa también exhortó a la comunidad internacional a que “no permanezca inerte ante la inmensa tragedia humanitaria” en Siria e Irak y “el drama de tantos refugiados”.

Aunque no se refirió a las persecuciones de los yihadistas contra los cristianos, el papa pidió a Jesús “que alivie el sufrimiento de tantos hermanos nuestros perseguidos a causa de su nombre”.

Llamó a acabar “con el absurdo derramamiento de sangre” en Libia y pidió que en Yemen “prevalezca una voluntad común de pacificación, por el bien de toda la población”.

Francisco no citó a América Latina, pero sí pidió “paz y libertad para las víctimas de los traficantes de droga” y destacó que “a menudo están vinculados a los poderes”.

De la misma manera —prosiguió— el mundo debe librarse de los “traficantes de armas que se enriquecen con la sangre de hombres y mujeres” y criticó las “nuevas y antiguas formas de esclavitud”. El papa también explicó que el misterio de Pascua “no era un hecho intelectual”, sino accesible gracias a una actitud de humildad y dijo que para comprender ese misterio se requiere “no tener miedo de la realidad: no cerrarse en sí mismo, no huir ante lo que no comprendemos, no cerrar los ojos ante los problemas, no negarlos, no eliminar los puntos de interrogación”.

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