El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, reiteró ayer en una ronda de entrevistas con varias cadenas de televisión estadounidense sus críticas contra el acuerdo marco, firmado en Lausana el 2 de abril entre el grupo 5+1 (China, EE. UU., Francia, Reino Unido y Rusia, más Alemania) e Irán sobre el programa nuclear iraní.
El acuerdo contempla, entre otros puntos, el compromiso de no enriquecer uranio durante 15 años en el complejo nuclear de Fordo. Los detalles técnicos y legales del pacto deben negociarse hasta el 30 de junio, cuando se concrete un acuerdo definitivo.
No detiene el programa nuclear iraní, mantiene una amplia infraestructura nuclear (…) ni una centrifugadora será destruida (…). Es un mal acuerdo, criticó ayer Netanyahu en la cadena CNN.
Es malo para Israel, para la región y el mundo, insistió el principal detractor de las negociaciones con Irán. 24 horas después de la firma del acuerdo, Netanyahu exigió una mayor presión sobre Irán para obtener un mejor acuerdo y pidió a Teherán que reconozca sin ambigüedades en el pacto definitivo, el derecho de Israel a existir, una exigencia irrealizable, puesto que ambos países son enemigos jurados.
El viernes, el presidente iraní, Hasan Rohani, aseguró que el acuerdo final abriría una nueva página en las relaciones diplomáticas de su país, sin dar precisiones. Pero Israel no cree.
En declaraciones a ABC, Netanyahu dijo que el levantamiento previsto de las sanciones internacionales contra Irán aportaría miles de millones de dólares a las arcas del régimen.
No van a utilizar (el dinero) en escuelas, carreteras y hospitales. Lo utilizarán para financiar su maquinaria de terror en todo el mundo y su maquinaria militar dispuesta en la actualidad para conquistar Medio Oriente, acusó el dirigente israelí.
Una de las principales preocupaciones de los israelíes es la legitimación de un Estado que, además de haber pedido que Israel sea borrado del mapa, apoya a los grandes enemigos del Estado hebreo: Siria, el movimiento Hezbolá en Líbano y Hamas en la franja de Gaza.
El jueves, el presidente Barack Obama defendió desde la Casa Blanca el pacto, prioritario dentro de sus objetivos en política exterior para sus dos últimos años como presidente; e intentó venderlo al Congreso, uno de los principales opositores a las negociaciones.
El sábado, Obama indicó que este acuerdo preliminar es de lejos la mejor opción para su país, sus aliados y el mundo entero, al subrayar que niega al régimen iraní el plutonio necesario para fabricar una bomba.
Los iraníes celebraron el viernes como histórico el preacuerdo alcanzado tras 18 meses de negociaciones. El ministro iraní de Relaciones Exteriores, Mohamad Javad Zarif y su equipo de expertos fueron recibidos como héroes por una multitud en Teherán. ¡Viva Zarif!, ¡viva Araghchi!, gritaron, en referencia al ministro y a un adjunto, Abbas Araghchi.
Ahora vamos a poder vivir normalmente, como el resto del mundo, afirmó Davud Ghafari, a la espera del levantamiento de las sanciones internacionales que asfixian la economía iraní desde hace años. Aunque algunos sectores criticaron el acuerdo, no es nada equilibrado, es vago en cuanto a las sanciones, criticó un analista político, Mehdi Mohamadi, citado en varios medios conservadores.
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