La voz de la primera dama Rosario Murillo está ausente en la Semana Santa. Sus acostumbrados discursos del mediodía no se han transmitido al menos en los dos primeros días de esta semana.
Lo cotidiano de lunes a sábado, al mediodía, es que los medios abiertamente oficialistas —televisivos y radiales— se encadenen para transmitir la infaltable comunicación de Murillo, quien ocupa hasta más de diez minutos para leer monótonamente reportes de entrega de paquetes solidarios, cifras de beneficiados del plan techo; cifras de nuevos casos de la enfermedad chikungunya o cualquier otra epidemia que aqueje a la población.
Murillo también informa sobre los operativos de la Policía Nacional; saluda las efemérides religiosas, patrias, locales, tradicionales, juveniles; anuncia la agenda presidencial, las visitas de funcionarios internacionales; conmemora la muerte del presidente de Venezuela Hugo Chávez y todo lo relacionado con él; celebra la aprobación de leyes en la Asamblea Nacional y se solidariza con todo evento internacional sobresaliente, en su rol de coordinadora del Consejo de Comunicación y Ciudadanía y a veces canciller en funciones, cuando viaja con su esposo fuera del país.
Críticos y adversarios del Gobierno han caracterizado a Murillo como un personaje omnipresente en Nicaragua.
La socióloga y periodista Sofía Montenegro la llama la “gran hermana”, en alusión al concepto del “gran hermano” creado por el escritor inglés George Orwell, quien inventó el término para referirse a la tecnología de los medios de comunicación, que vigilaría a las personas para su control total en el ámbito privado. Sin embargo, esta semana la “gran hermana” está de vacaciones.
Ver en la versión impresa las páginas: 12 A