Evertz Cárcamo es claustrofóbico. Le da miedo caerle mal a la gente y la guerra es lo peor que ha vivido.
Defínase en una palabra.
Matizón (ríe). Yo me considero El Güegüense moderno.
¿Un secreto?
Que no sé cuántos años tengo. Tengo dos partidas de nacimiento, una del 66 y una del 68 y en una aparezco como Everto Cayetano (carcajada).
¿Qué quería ser de pequeño?
Médico y piloto.
¿Tiene mascotas?
Se me acaba de morir un perro con el que estuve 13 años. Era mi mejor amigo, se llamaba Tyson. Aparte de mi familia es por quien más he llorado.
Un apodo…
“Huevito”, “Chiclán”, “El Poeta Ñato” (ríe).
¿Baila?
Break dance y reguetón, solo esa música me gusta bailar.
Su primer recuerdo…
Que fui chofer del vendeperiódicos de La Prensa. Yo no tenía reales y un amigo me dijo que le manejara la bicicleta en la que él repartía (carcajada).
¿Qué lo pone nervioso?
Ser rechazado. Me da miedo caerle mal a la gente.
Una fobia…
Soy claustrofóbico. Estar encerrado a mí me pone ¡uff!
¿En cuánto tiempo se arregla?
¡Uh! Yo me baño en diez minutos. Soy balazo.
¿Qué es lo más difícil que ha vivido?
La guerra y la pobreza. Es lo peor que un ser humano puede vivir.
Una pesadilla…
Chavalito, una vez tenía fiebre y vi al diablo. No sé si estaba delirando, pero yo vi al diablo (ríe).
¿Recuerda su primer beso?
Sí, jugando a la casita. Ella era la mamá y yo el papá y un muñeco de barro era nuestro hijo (carcajada).
¿A quién reviviría?
A mi hermano menor que murió en la guerra.
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