En menos de un minuto, un grupo de más de diez estudiantes de cuarto grado salió del aula de clases y entre todos formaron un círculo en el patio de la escuela de Wiquilí —en Achuapa, León— para jugar a ser actores. El aula no quedó vacía. Hay todavía como ocho estudiantes de sexto grado que hablan sobre el respeto a la diversidad étnica y cultural.
Mientras ellos identifican casos de discriminación en su comunidad, los estudiantes-actores ensayan una obra rápida sobre la responsabilidad de asistir cada día a clases y de respetar a sus maestros. Ese es el tema de hoy para los alumnos de cuarto y quinto grado: toma de decisiones autónomas y responsables.
En el multigrado de Wiquilí, una escuela con tres aulas de clases que están adornadas con materiales didácticos elaborados por la profesora y los alumnos, se aprende con juegos y correteando por el patio “porque ahí también hay conocimiento”, asegura la profesora María Olivares Salmerón.
Olivares forma parte del proyecto Adelante Profe —una iniciativa diseñada por el voluntario estadounidense Rubén Mojica y ejecutada por Cuerpo de Paz en Achuapa— que busca preparar al docente para que tenga más control dentro del aula de clases, que utilice materiales reciclados para impartir sus materias y que eleve la calidad del proceso de enseñanza-aprendizaje en la escuela.
En Achuapa más de cien docentes ahora saben cómo explicar a sus alumnos que solo el 2.5 por ciento del agua del mundo es dulce y puede ser potable. No copian conceptos ni largos textos en el pizarrón, sino que utilizan materiales reciclados para explicar a sus estudiantes. Así les enseñaron los voluntarios de Cuerpo de Paz.
Casey James y Becca Shanfield, ambos voluntarios de Cuerpo de Paz, lo hacen con ayuda de botellas plásticas y agua porque en las escuelas donde trabajan en Masaya y León, respectivamente, no hay suficientes materiales didácticos.
925,509 estudiantes es la meta de matrícula de primaria para el año escolar 2015. El 40 por ciento de estos asiste a las escuelas rurales del país.
“Los materiales reciclados se pueden usar en cualquier clases (…)Nosotros tenemos una guía de útiles que pueden hacer con material reciclado y con los que pueden llamar la atención de los niños. No necesitan comprar un montón de cosas”, comenta la voluntaria Alexandra Rheault.
“Haber, haber, la silla pica”, grita la profesora María Olivares para captar la atención de sus estudiantes que de inmediato abandonan las sillas y empiezan a estirarse. Cantan. Ríen. Corren. Todo eso lo hacen en cinco minutos y luego cambian de clase, o de módulo como le llaman en los multigrados.
“Lo importante es tener al niño entretenido porque si hacemos juegos o dinámicas ellos se animan y ponen más atención en las clases, también permanecen más disciplinados y no faltan a la escuela”, dice la profesora Dania Gutiérrez, del colegio Adelita Sorto, en Achuapa.
Ana Julia Lanuza, docente de primero a tercer grado de la escuela El Lagartillo, debe enseñar las sumas simples a sus 24 alumnos. No tiene ábacos para contar, pero en el patio de su escuela hay suficientes piedritas que los estudiantes recogen durante el recreo para su clase de Matemáticas.
En los multigrados de ese municipio ya no se forma a los estudiantes en filas. Tampoco se imponen reglas y cada mañana, antes de empezar las clases, se lee un texto para que luego los estudiantes redacten su punto de vista. Así, asegura Morgan Twamley, voluntaria de Cuerpo de Paz, se mejora la comprensión lectora y se anima a los estudiantes para que aprendan a expresarse.
También los alumnos pueden redactar pequeños párrafos con sus puntos de vista sobre lo que leen en la escuela. De esta forma, explica Mojica, ellos pueden desarrollar su forma de pensar y aprenden a expresar sus sentimientos de forma clara.
HAY QUE DEFINIR LAS REGLAS Y ESTABLECER LAS CONSECUENCIAS
El proyecto Adelante Profe, entre otras cosas, también busca que los maestros aprendan a elaborar acuerdos de disciplina con sus estudiantes.
“Tenemos una estrategia que se llama la Estrella del Mes y solo se necesita un marcador y un papelógrafo. Ahí se coloca el nombre de los estudiantes que se portaron mejor, que no faltaron a la escuela y cumplieron con sus tareas. Esto hace que los niños se esfuercen porque su nombre esté en la estrella”, explica Shanfield.
“La idea es aprovechar todos los recursos dentro y fuera de la escuela para que los niños aprendan”, apunta la profesora María Martínez Rodríguez, de la escuela Las Tablas, en León.
Ahí atienden a 13 alumnos y al día imparte tres módulos de 45 minutos cada uno. Por eso, dice Zach Mooer, los docentes deben aprovechar no solo los recursos del medio, sino que también el tiempo.
“Solo tenemos a los chavalos una hora y media, entonces tenemos que hacer rutinas de disciplina y las clases se pueden empezar con una actividad para activar su mente”, apunta Mooer.
Pero también, dice el voluntario Benjamín Munyan, los maestros pueden enseñar a los estudiantes a elaborar abono y hacer viveros en los patios de las escuelas. Todo esto, siempre con un enfoque educativo y con el fin de diversificar las metodologías educativas.
Esta mañana, el profesor Cristino Urbina Bonilla, de la escuela San Nicolás número uno, recibió a sus 32 alumnos. Ninguno faltó porque sus clases “son divertidas (y) siempre incluimos los juegos para enseñar a los niños”, pero también “mantenemos una disciplina excelente porque ellos saben que existen reglas y dentro del aula se deben cumplir para evitar las consecuencias”.