Los obispos de la Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN) emitieron ayer un mensaje de Cuaresma, en el que lamentan la crisis de violencia política y la falta de justicia que atraviesa el país. “Es preocupante la indiferencia en que gran parte de nuestra sociedad ha caído frente a los graves problemas sociales y políticos del país”, aseguran los jerarcas católicos en su mensaje.
“Se ha generalizado un modo de hacer política en el que parece contar poco la cercanía al pueblo, el interés por resolver sus problemas reales y tomar en cuenta sus expectativas y opiniones”, indican los obispos en su mensaje, dado a conocer a través de sus diócesis.
Asimismo, los religiosos en su mensaje aseguran que “es grave también que la práctica política del país siga dominada por el olvido del bien común, la ambición, el autoritarismo, la ilegalidad y sobre todo por la corrupción. Es un gravísimo pecado”, apunta el mensaje.
En el mensaje de los jerarcas católicos también lamentan la poca sensibilidad de quienes gobiernan y de la sociedad en general, ante la protesta y el dolor de los ancianos, obreros, mujeres, jóvenes y campesinos.
Además, los obispos lamentan “la presencia de grupos armados, no oficialmente identificados en zonas rurales del país. No podemos ignorarlos ni desestimarlos. Nos estamos acostumbrando a actos de represión y de violencia criminal con claros matices de terrorismo, que han asustado y puesto en zozobra a muchas familias”.
OBISPO ÁLVAREZ: “NO A LA SOCIEDAD DEL MIEDO”
A criterio del obispo de la Diócesis de Matagalpa, monseñor Rolando Álvarez, “en muchos aspectos en Nicaragua pareciera que se está viviendo según esta consigna de ‘sálvese quien pueda’, pero sería una cuestión lamentable si esto llega a ser un hábito de vivir del nicaragüense”.
Álvarez lamentó las restricciones policiales contra los movimientos de mujeres que este 8 de marzo conmemoraron en Managua el Día Internacional de la Mujer y recordó que en agosto de 2014 la Policía también impidió que decenas de campesinos fueran a la capital para protestar contra las pretensiones del establecimiento de un proyecto minero en Rancho Grande, Matagalpa.
Según el obispo, en agosto de 2014 “efectivamente hubo tranques de oficiales que no los dejaron pasar (a los campesinos) y creo que no debemos someternos a la sociedad del miedo, donde impere la fuerza del más salvaje o la ley del más fuerte”.
“Tenemos que seguir insistiendo en un diálogo de altura, razonable, civilizado, donde hayan argumentos lógicos, donde podamos debatir con ideas claras, distintas y donde en realidad busquemos un consenso social y un bien común”, agregó el obispo, después de que presidió la misa de ayer domingo en la Catedral San Pedro Apóstol, en Matagalpa.
Álvarez, quien este 8 de marzo cumplió cuatro años de su nombramiento como obispo de Matagalpa por el ahora papa emérito Benedicto XVI, consideró además que “ningún acto represivo colabora para lograr una sociedad de esta índole, al contrario, esto no solo va alejando la posibilidad de un diálogo franco, social y abierto, como es el que los obispos estamos reiteradamente pidiendo, sino que va caldeando los ánimos y las situaciones, porque la gente se siente no solo reprimida en su físico, sino también censurada obviamente en sus derechos, en su libertad y eso es peligroso. Nosotros lo hemos venido diciendo, lo venimos insistiendo”.
Agregó que la Iglesia ha sido “una enorme pacificadora” porque infinidades de veces” le ha tocado aconsejar incluso a “poblaciones enteras” para impedir “que exploten situaciones que podrían llevarnos a un mayor dolor y enlutamiento en las familias nicaragüenses”.
Sin embargo, señaló que la Iglesia no es la única protagonista social en el país y exhortó a los diferentes sectores sociales a “ser capaces de manifestarnos, que nos respeten la libertad de expresarnos y hacerlo respetando a la otra persona, a la dignidad humana”.
RESPONSABILIDAD CON EL GRAN CANAL
Por otro lado, los jerarcas católicos en su mensaje de Cuaresma se refieren a las repercusiones sociales que ha provocado la supuesta construcción del Gran Canal Interoceánico de Nicaragua.
“Si este megaproyecto, que afectará tan radicalmente la convivencia humana y el ambiente natural del país quiere ser una verdadera obra de progreso a favor del bien común de Nicaragua, debe llevarse a cabo con visión de nación, con fundamento científico y perspectiva de desarrollo sostenible”, plantean los obispos de la CEN.
Los prelados expresan también su preocupación que la construcción del proyecto canalero ha provocado a los campesinos que habitan por donde pretende pasar la megaobra.
“Nos preocupa el pueblo, los campesinos pobres y los medianos productores de la zona afectada por este proyecto, quienes viven con zozobra e incertidumbre de cara al futuro: no tienen certeza de que recibirán el precio justo por sus tierras; saben que pueden ser víctimas de desplazamientos forzosos; no saben adonde irán, pues no se conoce un plan de ordenamiento territorial que les asegure una organización laboral y social digna; sufrirán un radical desarraigo cultural y económico del mundo rural y laboral”, sostienen los obispos en su mensaje de Cuaresma.
En su mensaje los jerarcas católicos aseguran que no es la gente, la organización social, la democracia, las leyes laborales, la educación, las instituciones estatales y los proyectos gubernamentales, quienes deben doblegarse ante el crecimiento económico y la producción de capital, sino al revés.
“¡El dinero debe servir y no gobernar! (Evangelii Gaudium, 58). No se debe olvidar que el primer capital que se ha de salvaguardar y valorar es el ser humano, la persona en su integridad, pues es él, el centro y el fin de toda la vida económica y social”, sostienen los obispos.
A la vez, dicen que el “crecimiento económico, considerado en sí mismo, liberado de toda ética y de todo compromiso por la justicia y por los pobres, por la institucionalidad democrática y por la paz, no logra por sí mismos mayor inclusión social o equidad en el mundo”. Sostiene que cuando la riqueza se vuelve un dios, cuando hay personas y grupos que se aferran al poder por ansias de riqueza y no se cuestiona, aunque sea injusta la sociedad, se corrompe y se deshumaniza.
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