La joven y bella politóloga guatemalteca de intensos ojos azules, Gloria Álvarez, estuvo en Nicaragua. Desde su disertación en el parlamento latinoamericano de la juventud su discurso anti populista ha cobrado notoriedad. Nicaragua no fue la excepción, se reunió con jóvenes, políticos, empresarios y fuerzas de la oposición, provocando un fugaz debate ideológico ajeno a estas tierras. No planteó nada nuevo. Sus ideas básicamente están sacadas de forma íntegra del recetario neoliberal, institucionalidad, sumisión a la ley y respeto irrestricto a tres derechos fundamentales: vida, libertad y propiedad privada. Este último, el más importante.
Concuerdo con muchas ideas expresadas por Gloria Álvarez: no deben haber cuota para los jóvenes ni para mujeres; no hay que esperar que otros abran el debate, hay que asaltarlo; los jóvenes que aspiran a relevar el poder deben ser estudiosos y dar muestra de honestidad y patriotismo; respeto a las leyes que son las constructoras de la república; y, finalmente, aleccionador ante tanta desconfianza y mentira, el que quiera integrar su movimiento debe someterse al polígrafo para comprobar la sinceridad de sus planteamientos. ¿Cuántos de los que hicieron suyas sus palabras estarían dispuestos a someterse al polígrafo? Yo, de forma pública, me comprometo a someterme al polígrafo para que se esculque mi probidad y mis intenciones sobre los destinos de mi país.
No obstante, los planteamientos de Gloria los considero errados en muchos aspectos para Nicaragua y para América Latina. En especial, algunos planteamientos sobre el populismo. El doctor Emilio Álvarez Montalván explicaba que el caudillismo no era la causa de todos los males de Nicaragua; todo lo contrario decía, es la consecuencia de males más profundos. Es producto de la falta de desarrollo y de la inexistencia de una amplia clase media, que permite la sobrevivencia de valores atrasados heredados de la colonia.
Algo similar pasa con el populismo, no es causa sino efecto. Incluso acepto la afirmación de Gloria Álvarez de que el populismo es resultado de la falta de capitalismo, término acuñado por Marx, o de mercado libre como afirman los neoliberales. Por tanto, para que el libre mercado funcione es imperativo eliminar los monopolios, las exoneraciones, la industria protegida y el subsidio a los grandes productores agropecuarios. ¿Estarían dispuestos muchos de los seguidores de Gloria Álvarez a aplicarse esta receta en sus empresas?
En el ámbito ideológico Gloria Álvarez afirma: “Ya el debate de izquierdas y derechas, de hecho es más utilizado por los populistas que por las personas que estamos tratando de rescatar las instituciones”. Posteriormente plantea su argumentación fundamental: los derechos de salud, educación, vestimenta y protección social, exigidos por la población, no pueden ser satisfechos porque requieren “una renuncia previa del derecho de propiedad de alguien más para poder otorgarlos y allí es donde nuestros gobiernos han fallado”. Finalmente concluye: “si bien hablamos de que todas las poblaciones tienen derecho a todas esas cosas, nunca queda estipulado quien debe renunciar a ciertos derechos para otorgar otros. Y de ese malestar es que nuestras poblaciones han decidido recurrir a los regímenes totalitarios y populistas que hoy vemos”.
De las citas anteriores se pueden extraer algunas conclusiones erróneas:
Primero, ningún planteamiento es más ideológico que el de la propia Gloria. Tanto la derecha como la izquierda más recalcitrante siguen viendo el mundo en un enfrentamiento maniqueo entre libertad e igualdad. En Centroamérica ambos bandos encuentran justificación a sus planteamientos señalando los errores del ALBA o del imperialismo norteamericano.
Segundo, nada es más falaz, que la dicotomía excluyente, de que para otorgar derechos a los desposeídos es necesario quitárselos a otros. Más bien su argumentación parece dirigida a liberar a algunos sectores de su responsabilidad de contribuir a cerrar la brecha. Por ende, todo el discurso de preocupación por los pobres está supeditado a que los sectores que más pueden contribuir no la hagan. El discurso de Gloria Álvarez no es un discurso de justicia sino de indiferencia e irresponsabilidad ante las necesidades apremiantes de casi ochenta por ciento de los nicaragüenses. Parafraseando a Emilio Álvarez, el populismo no es la causa de nuestras desgracias sino la consecuencia de falta de justicia y de la irresponsabilidad de nuestros políticos. Muchas sociedades han construido un estado de bienestar sin renunciar a la propiedad privada y a la libertad. Por qué entonces Guatemala o Nicaragua no pueden hacerlo.
Finalmente, yo considero que lo planteado por Gloria Álvarez es un debate ideológico, incluso necesario para rescatar las instituciones, la libertad, la democracia, el respeto a la propiedad privada, la justicia y la vitalidad de los partidos políticos. Quiero dejar planteados algunos temas fundamentales: yo considero que todos los nicaragüenses tenemos derechos a consumir 2,000 calorías diarias, que nuestros hijos vayan a una escuela de calidad que les permita tener oportunidades, a tener un sistema de salud digno y a que todos contribuyamos, según nuestras posibilidades, a ese ideal. Mientras no atendamos eso, la república estará siempre en peligro de que demagogos y politiqueros utilicen nuestras necesidades para hacer florecer el populismo.
El autor es politólogo.
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