El Japón que nos atrae

Si hay un pueblo que ha sabido aunar tradición y modernidad, cultura y progreso, educación y tecnología, ese es Japón. Quizá debido a esa natural combinación el extranjero se siente atraído por las manifestaciones culturales niponas. La cultura es una fuente inagotable de simpatía entre naciones y los japoneses han sabido exportarla más allá de sus fronteras. En un año en el que se conmemoran los ochenta años de amistad entre Nicaragua y Japón cabe preguntarse qué nos llama de esa cultura oriental, milenaria y tan actual al mismo tiempo.

Si hay un pueblo que ha sabido aunar tradición y modernidad, cultura y progreso, educación y tecnología, ese es Japón. Quizá debido a esa natural combinación el extranjero se siente atraído por las manifestaciones culturales niponas. La cultura es una fuente inagotable de simpatía entre naciones y los japoneses han sabido exportarla más allá de sus fronteras. En un año en el que se conmemoran los ochenta años de amistad entre Nicaragua y Japón cabe preguntarse qué nos llama de esa cultura oriental, milenaria y tan actual al mismo tiempo.

Resulta sorprendente cómo, en cada una de sus representaciones culturales, Japón encuentra entusiastas por todo el mundo. Puede que el motivo sea que más que una práctica es un estilo de vida y que tras cada arte o tradición se esconde una sabiduría ancestral. Hoy en día, la cultura japonesa se ha reinventado en nuevas expresiones mediáticas como el anime, el manga o los videojuegos, valiéndose de una tecnología siempre puntera e innovadora, atrayendo a los más jóvenes en múltiples países. Y Nicaragua no es una excepción.

Sin embargo, tras los avances y las aficiones niponas más modernas, las artes marciales siguen sin dejar indiferente. Judo, karate, aikido o kendo, por nombrar las más conocidas, son deportes que arrastran a aquellos que aprecian la disciplina y el esfuerzo que requiere su duro aprendizaje. Porque tras la belleza de los movimientos se esconde una férrea doctrina y una educación en el respeto. En Nicaragua la práctica del judo y el karate está ampliamente extendida, e incluso cuenta con campeones de competiciones regionales como máximos exponentes.

Otras artes como la ceremonia del té, el arreglo floral o la caligrafía imprimen en sus seguidores el carácter ceremonioso, el máximo cuidado en los pequeños detalles y la importancia del disfrute, siempre en armonía con la naturaleza. Estas expresiones artísticas resaltan el valor de ese instante único y compartido, que se nos acaba escapando y que hay que aprender a atesorar. Por todas esas clásicas enseñanzas, tan básicas para saber relacionarnos con los demás pero últimamente casi olvidadas en un mundo veloz e individual, la cultura japonesa encuentra adeptos.

Tal vez sea por eso que desde hace años existe la Sala de Cultura Japonesa de la Universidad Centroamericana (UCA), donde se enseña y se fomenta el arte del origami, una práctica que define por sí misma el carácter minimalista de esta cultura. Utilizando finos papeles de bellos colores y con la única ayuda de nuestras manos y la imaginación, logramos modelar el medio que nos rodea y la naturaleza que nos ampara en pequeñas y delicadas figuras. La búsqueda de la perfección no tiene límites.

Al parecer, la atracción por esta cultura milenaria no solo se limita al mundo de la espiritualidad, la estética y las artes marciales sino que además un nuevo exponente se va abriendo paso. La medicina oriental, tan habitual en Asia, va descubriéndose en los países occidentales que ven en ella una terapia revolucionaria. Por ello el tratamiento japonés más conocido como shiatsu, basado en el uso de las manos y la presión de los dedos, se está popularizando. En Nicaragua sorprende la dimensión del fenómeno. La Universidad de Medicina Oriental Japón-Nicaragua cuenta con profesores especialistas en esta técnica que forman, cada año en aumento, a una gran cantidad de alumnos.

Son esos ejemplos de completa inmersión cultural y profundización en el otro mayor signo de admiración entre pueblos. La presencia de la cultura japonesa en Nicaragua no es casualidad, puesto que ambas naciones comparten nobles valores como el respeto al prójimo, una humildad sin quejas y una paciencia infinita. Estos puntos en común hacen que el encuentro cultural sea una oportunidad de acercamiento y amistad a largo plazo. De la tradición milenaria que desprende enseñanzas casi olvidadas a las formas de expresión más novedosas, seguir a una cultura es rendirle respeto. Y si ese interés se convierte en intercambio cultural el beneficio será mutuo.

La autora es periodista y especialista en Asia Oriental.

Columna del día educación Japón archivo

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COMENTARIOS

  1. Hace 12 años

    Me preocupa la sencillez de la articulista. «Como comparar una Cultura de al menos 3 milenios» con apenas casi 200 de vida Republicana de Nicaragua!.

    Aún así, celebramos la amistad con Japòn. A pesar que nosotros no hemos invadido a otro paìs a miles de km de distancia. Ni apoyamos a los Nazis.

  2. Hace 12 años

    Hey Carmencita se te olvido decir que Japon ha sido condenado internacionalmente por la caza sanguinaria de ballenas, lo que hacen sin ningun respeto por la leyes de conservación y se te olvido también mencionar que los Japoneses se están re-armando para volver a sus viejas acciones. Espero que no vuelvan a Manchuria donde la gente los odia por todo el terror que desataron en esa area de China en los 40’s.

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