¿Y dónde está la Policía?
Estoy de acuerdo con el general Adolfo Zepeda en que es a la Policía y a la Fiscalía a quienes les corresponde hacer las investigaciones oficiales sobre hechos criminales, presentar sus informes y procesar a los sospechosos. El problema, general Zepeda, es que hay muchos casos, demasiados ya, en los que la Policía abandona esa obligación constitucional y deja todo al garete, a las conclusiones que uno pueda sacar de los hechos que están ahí, frente a nuestras narices. Para estos casos no hay Policía. Si no le vamos a creer al Cenidh, porque como usted dice no es la institución autorizada, ¿qué hacemos general Zepeda? ¿Esperar a que la Policía presente su informe?
Esperar y esperar…
Es que, general Zepeda, esperando estamos el informe sobre el muchacho de 16 años que mataron en Totogalpa en noviembre pasado, o el informe del caso OcupaINSS que ya va a cumplir dos años o la prometida investigación sobre los abusos de Nueva Guinea en noviembre de 2012 Y otro montón de casos que han caído en una especie de hoyo negro, como el asesinato del coronel GN Enrique Bermúdez Varela, que este 16 de febrero cumplirá 24 años sin que se sepa quién le disparó en pleno centro de Managua. ¿Seguimos esperando general? Y todos callados mientras llega el informe policial. ¿Cuánto necesita? ¿Dos años? ¿20 años? ¿Un siglito más?
Símbolos partidarios
Y no nos hagamos, estos casos a resolver “para nunca sin falta” son directamente proporcionales a la aparición cada vez más descarada de símbolos partidarios, primero en la Policía, y de un tiempo acá en el Ejército. Usted dice, general, que son “símbolos de gobierno” y por eso les rinden honores en actos oficiales. ¡El Ejército habría permitido banderas del PLC cuando era gobierno? ¿O cambiaría las del Frente por las del PLI si este gana las elecciones? ¿Así es la cosa? No general, usted es más inteligente que eso. Para aceptar que la bandera de un partido político es un símbolo de gobierno, tendríamos que aceptar que se acabó el modelo de gobierno que ustedes juraron defender, y que volvimos a la barbarie, a la dirección nacional ordene, al Ejército Popular Sandinista, a la Policía Sandinista, a la revolución como fuente de todo derecho ¿Estamos ahí otra vez, general?
Enrique Bermúdez
Déjeme contarle del caso Enrique Bermúdez, alias 3-80. En esa ocasión, la Policía sí hizo su investigación e informe. Yo revisé el expediente. ¡300 páginas! Informes de balística, autopsias, abundantes testigos oculares, pero nada del asesino Tal parecía que se lo tragó la tierra o era un ente de otro mundo el que mató a Bermúdez. Sucede, sin embargo, que entierran a Bermúdez en Miami y luego, ante las desconfianzas, lo exhuman. Bastó que un equipo forense extranjero revisara el cadáver, sin vísceras, nueve meses después, para determinar que todo el informe de la Policía no valía ni el papel en que estaba escrito. Todas las pruebas y testigos estaban ahí para evitar llegar al asesino y no para dar con él. ¿Así cómo, dígame general?
Arma para asesinos
Fue con el informe forense de Miami que por fin se supo que no hubo tal francotirador disparando desde una ventana del Hotel Intercontinental como se dijo al principio, sino que los disparos fueron a quemarropa, en la sien. Dos disparos y no uno como decía el informe policial, fueron hechos de izquierda a derecha y no de derecha a izquierda como se establecía en el informe. Y esos simples datos cambiaban todo lo que había asegurado la Policía. Y lo principal: ese último análisis forense determinó que para el asesinato se usó una pistola Combloc, de fabricación soviética, de acceso restringidísimo, que dispara con aire comprimido y por lo tanto no produce ruido y no deja huellas de pólvora. Una arma soviética diseñada especialmente para cometer asesinatos. La de Bermúdez fue quizás una de las peores investigaciones policiales de la historia.
Incriminados
De los campesinos de Pantasma se podrá decir que eran delincuentes. De Bermúdez se podrá alegar que era un guardia. Lo que no se puede defender es la forma en que murieron. En ambos casos se trató de asesinatos, general, y sean quienes fueran ellos, el Estado está impedido, en primer lugar, a utilizar esos métodos tal como se les acusa, y en segundo, si es que ninguna fuerza del Estado estuvo involucrada en esas muertes, a investigar y poner en la cárcel a los responsables. Lo que no se puede, general, es quedarse sin hacer nada, porque el silencio los incrimina.
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