Durante los últimos días hemos estado consternados por la tragedia ocurrida en la zona fronteriza de Los Chiles del lado costarricense, donde dos padres de origen nicaragüense, maltrataron a un indefenso niño de 2 años hasta causarle la muerte, durante la investigación se encontraron algunos aspectos macabros, tortura con agujas, algunas de ellas están dentro de la cavidad abdominal, otras debajo de la piel, agredido a golpes, con todo tipo de objetos e incluso hubo abuso sexual. Sus gritos se escuchaban en las casas de alrededor, según detallan algunos vecinos.
El abandono no queda ahí, se da también en quienes hicieron caso omiso del grito de ese inocente y hoy se lamentan no haber reportado esto a la policía o a las autoridades correspondientes. Confirmando que ninguna persona puede estar ajena a la violencia infantil, que todos debemos de participar en su prevención y en denunciar cualquier señal de alerta, cuando somos testigos, callar puede ser la diferencia entre la vida y al muerte.
Cabe mencionar los recientes casos que fueron noticias en los últimos meses donde cada uno refleja lamentablemente inconciencia, falta de valores, falta de educación y la ignorancia que se presenta más fácilmente en la pobreza extrema.
Recordemos los ocho derechos fundamentales del niño o niña, que son: derecho a la vida, derecho a la educación, derecho a la alimentación, derecho a la salud, derecho al agua, derecho a una identidad, derecho a la libertad y derecho a la protección.
Cuando nos referimos al derecho de protección decimos que los niños tienen derecho a vivir en un contexto seguro y protegido, que se preserve su bienestar. Todo niño tiene derecho a ser protegido de cualquier forma de maltrato, discriminación y explotación. Algo que realmente no sucede en todos los hogares de nuestra querida Nicaragua y se encuentra íntimamente ligado a la educación, si bien es cierto esto puede suceder en todas las sociedades inclusive en las más desarrolladas, sin embargo se acentúa en las comunidades con menor nivel de educación y mayor pobreza, lo que conlleva obligación de todos y especialmente de los gobiernos en desarrollar políticas y estrategias de educación que permita la gratuidad y calidad de la misma, que se eduque en las escuelas y se enfatice en temas de prevención, seguridad, la denuncia temprana de agresión, violencia infantil, agresión sexual, del maltrato en general de manera física y psicológica. El problema debe de ser tratado desde la raíz, desde el hogar, donde la falta de recursos, los trabajos informales, los embarazos en adolescentes, el trabajo infantil y todo lo que causa la pobreza, proporciona un ambiente donde tiende a desarrollarse más fácilmente el maltrato en general.
Debemos de concienciar y unir esfuerzos en prevención a la agresión infantil, evitando que se siga transmitiendo de generación en generación y permitiendo que nuestros niños crezcan y se desarrollen en un ambiente sano, con recursos justos para tener una vida digna, una gran responsabilidad compartida con los gobiernos, como política y preocupación permanente de nación y no seguir viviendo o ser testigos de estos lamentable y trágicos sucesos a través del tiempo. Todavía estamos a tiempo para impedir más muertes, no seamos ajenos al grito silencioso de estos inocentes.
El autor es Cirujano Pediatra.
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