Max L. Lacayo

La Celac y la familia Ortega-Murillo

En febrero de 2013, en este mismo espacio de LA PRENSA, hice memoria de ese deseo de los Estados americanos, que desde el siglo XIX los ha empujado a establecer reglas e instituciones comunes a los intereses económicos, políticos y sociales panamericanos; intentando la unión supranacional para dar orden a las relaciones y a la cooperación entre los países de este continente.

Sin embargo, como lo dije entonces, el número exagerado de entidades y organismos creados bajo las intenciones de objetivos geográficos comunes, intereses culturales compartidos, desarrollo universal, diálogo multilateral e integración, ha disminuido la seriedad y la efectividad de tales planteamientos; obstaculizando la unificación real del mundo latinoamericano y panamericano.

Entre esa interminable lista aparecen: La Organización Panamericana de la Salud (OPS), el Comité Jurídico Latinoamericano (CJI), el Tratado para Evitar o Prevenir Conflictos entre los Estados Americanos, el Instituto Panamericano de Geografía e Historia (IPGH), la Convención sobre los Derechos y Deberes de los Estados, el Instituto Indigenista Interamericano (III), la Junta Interamericana de Defensa (JID), el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), la Organización de los Estados Americanos (OEA), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la Comisión Interamericana para el Control del Abuso de Drogas (Cicad), el Centro de Información sobre Migraciones en América Latina (Cimal), el Centro Latinoamericano de Administración para el Desarrollo (CLAD) y otras varias docenas entre agencias, asociaciones, bancos, centros, comisiones, comunidades, consejos, convenios, corporaciones, cortes, institutos, parlamentos, programas, secretarías, sistemas y uniones de cooperación e integración.

Así, cada mal es tratado por múltiples, contradictorios y desordenados entes que, cuando no son ineficientes e ineficaces, llevan toda la mala intención. ¡Recurrentes casos donde el remedio es peor que la enfermedad!

Sin embargo, del mismo prolífico vientre político, más recientemente nacieron la Comunidad Andina (CAN), el Mercado Común del Sur (Mercosur), la Asociación Latinoamericana de Integración (Aladi), la Alianza Bolivariana para los pueblos de Nuestra América (Alba), la Cumbre de América Latina y el Caribe sobre Integración y Desarrollo (CALC), la Unión Latinoamericana y del Caribe (ULC), el Sistema Unitario de Compensación Regional (Sucre), la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac).

Esta última (la Celac) tiene como objetivo principal la exclusión de los Estados Unidos y Canadá, la obstrucción al sistema de libre comercio y a los conceptos de optimización de los procesos productivos y de competitividad panamericanos.

La verdad de la Celac es solo verdad inventada. Afirmando sus razones y al mismo tiempo negándolas. Esto es el imperio de “hombres fuertes” sobre instituciones débiles. Esto es concertación política escudando agresión presidencialista en América Latina.

En febrero 2013 concluí mi artículo con estas palabras: Mientras los pueblos aspiran, los líderes de la Celac agravian, y el producto de todo esto es una epidémica combinación anacrónica de ignorancia, indiferencia e impostura.

El comportamiento del presidente inconstitucional de Nicaragua, Daniel Ortega y su familia en la cumbre de la Celac, el pasado 28 de enero, reitera las palabras anteriores y da muestra de la irrelevancia de esa organización.

La familia Ortega-Murillo rompió protocolos, saboteó agendas, dio muestras de un actuar delincuencial, pero no engañó a nadie.

Al haber (la Celac) sido engendrada por una causa errónea (explotando el odio como agente unificador contra los Estados Unidos), no es extraño que todo lo que logra atraer es comportamiento odioso de parte de sus “hombres fuertes” quienes están obviamente unidos por débiles y esquinados lazos institucionales.

El autor es economista y escritor

COMENTARIOS

  1. luis
    Hace 12 años

    Para ser un columnista de la prensa le falto dar argumento firmes y lo que alega es tan superfucial!!! simplemente sensacionalista!!! Y los comentarios tan despechados. Nada mejor que el debate con fundamentos y sin fanatismo!

  2. manolo
    Hace 12 años

    Muy interesante artículo. Muchas verdades descritas de madera aguda pero con mucha madurez y conocimiento del caso. Consulta: me gustaría saber qué ha pasado con la cacaraqueada moneda que los «hombres fuertes» del ALBA inventaron, el SUCRE. Como no entiendo sobre eso, qué ha pasado? Ya se consolidó? Sirve para hacer algún tipo de transacciones? Será que ya hay sandinistas ahorrando en esa moneda, en lugar del dólar?

  3. elhombredelamancha
    Hace 12 años

    En base a todos los abusos y desaciertos galopantes y continuos por la
    familia usurpadora del poder, es necesario unir los movimientos demo-
    craticos.
    Es hora de democracia!

  4. Pabo Tagore
    Hace 12 años

    Bla bla bla bla. En la concreta que. Un montón de sandeses para el último párrafo. Por favor sea mas inteligente. Des el fin de la segunda guerra mundial, tod los organismo creados no han servido para nada. Que guerra han evitado NINGUNA, que intervención han evitado NINGUna. Eso si, en la ONU, OEA o cualquier otro se han doctorado en discursos y resoluciones. Para eso si son buenos. Grupo de Rio CELAC y otros ya han arreglado situaciones en américa latina. Es la verdad.

  5. ramiro
    Hace 12 años

    Buen articulo, la verdad es que a nadie engañan solo a ellos mismos, mientras se reparten con la cuchara grande de la corrupción.

  6. monina
    Hace 12 años

    mas claro no canta un gallo, muy buen articulo, pues el gobierno/dictadura nica da verguenza, aunque la mona se vista seda mona se queda, es increible como estamos en manos de odiosos, pue le digo tambien q ya la prensa no me quiere sacar mis comentarios si hago criticas constructivas al sector privado, o a los de antes que siempre han sido sandinistas, da tristeza q la misma prensa me censure pero asi estamos, Dios quiera q saquen este, ah, y con q plata se mantienen todo eso: impuestos

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