La subsecretaria de Estado de los Estados Unidos para el Hemisferio Occidental, Roberta Jacobson, compareció el miércoles de esta semana ante el comité de relaciones exteriores de la Cámara de Representantes, para informar sobre las negociaciones con Cuba para la normalización de las relaciones entre ambos países.
Jacobson encabeza la delegación de Estados Unidos en esas negociaciones, que hasta ahora solo han tenido lugar una vez, en La Habana, y se espera que la siguiente se lleve a cabo en territorio estadounidense, a fines de febrero.
En su comparecencia ante los miembros de la Cámara de Representantes de su país, Jacobson respondió enfáticamente a los congresistas que el asunto de Guantánamo no está sobre la mesa de las negociaciones con Cuba. De esta manera la alta funcionaria norteamericana también respondió al dictador comunista de Cuba, Raúl Castro, quien en el discurso que pronunció en la III Cumbre de la Celac, la semana pasada en Costa Rica, exigió fin del embargo comercial y la devolución de la bahía de Guantánamo como condición para la normalización de las relaciones de su Gobierno con Estados Unidos.
Pero lo dicho por la subsecretaria de Estado de Estados Unidos sobre Guantánamo ha sido un anacronismo imperial. La bahía de Guantánamo le pertenece a Cuba. Estados Unidos se apropió de este territorio cubano por medio de la fuerza y luego se auto impuso pagar un arriendo simbólico que Cuba no cobra. Y a diferencia de Puerto Rico, en Guantánamo no hay ninguna población que haya decidido mediante plebiscito o referendo seguir siendo parte de los Estados Unidos de Norteamérica.
A estas alturas del tiempo, cuando el principio y derecho a la autodeterminación de las naciones es reconocido mundialmente, el dominio de Estados Unidos sobre la bahía de Guantánamo debería terminar; la base naval estadounidense instalada allí desde principios del siglo XX debería ser desmantelada y que Cuba ejerza soberanía plena sobre todo su territorio nacional.
Pero también el régimen de Cuba debe devolver al pueblo cubano la soberanía política, el derecho a escoger sus gobernantes y representantes en elecciones libres y competitivas, a disfrutar todas las libertades y garantías individuales y colectivas que están consagradas en los documentos jurídicos internacionales, como por ejemplo en la Declaración Universal de Derechos Humanos, de la cual Cuba es parte desde su proclamación en 1948 pero el régimen comunista totalitario no la respeta ni la cumple.
El derecho a la soberanía y la autodeterminación nacional no significa que los gobernantes, individuos o partidos políticos, pueden hacer todo lo que quieran en el interior de sus países, incluso instaurar tiranías y violar los derechos fundamentales de las personas. La soberanía es como una moneda o medalla de dos caras (autodeterminación nacional externa y autodeterminación popular interna), cada una con la misma importancia.
Ya que están en negociaciones, Estados Unidos debería proponer a Cuba que devolverá la bahía de Guantánamo a cambio de que el régimen totalitario devuelva al pueblo los derechos, libertades y garantías democráticas que le ha impedido ejercer desde hace más de 50 años.
Otra opción sería que Estados Unidos se comprometa a devolver Guantánamo en cuanto haya en Cuba una democracia republicana, Estado de Derecho, libertades fundamentales y respeto a los derechos humanos.
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