Las Cárites (o Gracias) y la Eucaristía

Durante la celebración del XIII Simposio, Rubén Darío, Periodista Vital y Vitalicio, que se llevó a cabo en la ciudad de León en enero pasado con motivo del 148 aniversario del nacimiento del gran poeta nicaragüense, leí (o más bien miré) en la información gráfica de un medio escrito un pie de foto que me pareció divertido.

Durante la celebración del XIII Simposio, Rubén Darío, Periodista Vital y Vitalicio, que se llevó a cabo en la ciudad de León en enero pasado con motivo del 148 aniversario del nacimiento del gran poeta nicaragüense, leí (o más bien miré) en la información gráfica de un medio escrito un pie de foto que me pareció divertido.

Era una fotografía que mostraba a tres jovencitas y al pie se decía que eran “Las tres Garcías”. Es obvio que lo que se quería decir es que eran “Las tres Gracias”, como llamaban los antiguos romanos a las Cárites de la mitología griega. Por el nombre del autor del reportaje gráfico, un periodista cultural incapaz de semejante ignorancia, deduje que la confusión había sido del editor o editora.

Las Cárites, eran las divinidades de la gracia, la belleza y el encanto femenino, de la fertilidad y la creatividad humana. Sus nombres eran Áglae, Eufrosine y Talía.

Las Cárites eran hijas de Zeus y de Eurínome (una diosa marina) y estaban vinculadas a las Musas, las diosas que representaban la inspiración de la música, la poesía, las bellas artes y la ciencia. Juntas solían reunirse en el monte Parnaso para bailar la maravillosa música que Apolo tocaba. De allí que en las celebraciones de los festivales que se hacen en honor a Rubén Darío se haya acostumbrado a escoger niñas y jovencitas agraciadas, a las que se da el nombramiento de Musas y Gracias darianas.

A las Cárites se les representa siempre asidas de las manos, con sus cuerpos cubiertos con un velo muy fino y traslúcido. Así las pintó el renacentista italiano Sandro Boticceli en La Primavera , su pintura más famosa después de El Nacimiento de Venus (o Afrodita). Sin embargo otros artistas las han representado en completa desnudez, mostrando el esplendor de su hermosura femenina.

En el centro del mencionado cuadro de Boticceli que se encuentra en la Galería de Los Oficios, en Florencia, aparece Afrodita (o Venus), la diosa del amor como figura central. Sobre ella vuela su hijo Eros, o Cupido, y a un lado bailan las tres Gracias o Cárites agarradas de la mano. Al otro lado Céfiro, dios del viento, rapta a la ninfa Clori, quien queda embarazada en el acto y se transforma en Flora (diosa de la Primavera) quien esparce flores sobre el suelo. Y junto a las Cárites, Hermes, el dios mensajero de los dioses, con el caduceo que es su atributo aparta las nubes del cielo para que la Primavera prevalezca siempre con toda su alegre luminosidad.

Las Cárites animaban las fiestas de los dioses en el Olimpo y en La Tierra auspiciaban todo lo que podía ser agradable y placentero para los seres mortales, prodigándoles alegría, felicidad, sabiduría y elocuencia.

De las Cárites se deriva el concepto de Eucaristía, que es esencial en el rito cristiano. Para los antiguos griegos, la Eucaristía (unión del prefijo eu que significa bueno o bonito, con la palabra Cárites que representa la gracia, el encanto de la belleza, el resplandor de lo bonito y bondadoso) era una demostración de agradecimiento a los dioses.

En algunas obras se atribuye a Diodoro Sículo, historiador griego del siglo I después de Cristo, nacido en Sicilia, haber dado a la palabra Eucaristía el sentido de Acción de Gracias que desde entonces forma parte del sentido y la terminología religiosa, particularmente la cristiana. Y en el gran Diccionario Bíblico Ilustrado Lexus , editado en México, se dice que el ritual de repartir y compartir el pan y el vino consagrados como carne y sangre de Jesucristo, “era ya practicado por las primeras comunidades cristianas (Hechos de los Apóstoles 2:42), aunque fue san Ignacio de Antioquía quien, en el año 110 d.C. designó con este nombre a dicha ceremonia”.

Por su parte, el escritor español José Antonio Pérez-Rioja escribe en su Diccionario de Símbolos y Mitos que la Eucaristía “es el Sacramento instituido por Jesús en la Última Cena, mediante el cual las especies del pan y el vino se transforman en el cuerpo y la sangre como recuerdo de la sangre y la vida que Él dio por la humanidad.”

Columna del día eucaristía Opinion archivo

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