Acaban de cumplirse 50 años de la muerte del estadista más grande del siglo 20, Churchill, el genio que ganó la segunda guerra mundial. Qué casualidad, Churchil decía que las revoluciones solo traen grandes crímenes y dictaduras. La más famosa de las revoluciones, la revolución francesa de 1789, al llegar el año 1804 su ciclo se cierra de la forma más inesperada: permite que se vuelva a establecer el poder personal y absoluto: El Imperio de Napoleón que duró 10 años, desde el 18 de mayo de 1804 hasta el 6 de abril de 1814.
La revolución rusa de 1917 solo duró 70 años. Sucedieron grandes crímenes y el poder absoluto de Stalin (otro dictador). La revolución cubana también a lo largo de sus 56 años han habido grandes crímenes y las dictaduras de los hermanos Castro.
Juzgue usted a la revolución sandinista: ¿Han habido grandes crímenes? ¿Se formó una dictadura? La verdad es que de nueve comandantes que hicieron la revolución solo queda gobernando uno y con un poder absoluto. Parodiando al Rey Sol, Luis XIV, bien pudiera decir: El Estado soy yo. Cuánta razón tenía Winston Churchil.
Los monocultivos en Chinandega han sido una constante en su producción agrícola. Para mala suerte de las mayorías nunca han terminado en un final feliz. Tristemente la historia se repite una y otra vez como si fuera un designio incurable, precisamente fomentados por intereses económicos extranjeros, empezando por el banano en 1960 a cargo de empresas multinacionales, trasladado de la zona Caribe donde inició en 1920, compaginado con el boom del algodón que inició por los años cincuenta y contaminó las tierras y mantos acuíferos.
Hoy en día la caña y el maní, dos gigantes de occidente, abarcan la mayor cantidad de tierra fértil y productiva posible, altamente rentables, en su mayor expansión quizás por el capitalismo, la globalización y una desfavorable visión del país que los acoge como unas de las pocas alternativas de producción agrícola. Paradójicamente dos cultivos de los menos amigables a nuestro ambiente y menos indispensables en nuestra dieta nicaragüense. Cuando llega el verano es cuando más visibles son sus efectos contaminantes. Con el inicio de la zafra los cielos son bombardeados con las quemas de caña, provocando mas calentamiento a la tierra, al aire que llega a las ciudades, sin mencionar la contaminación por pesticidas, la extracción cada vez mayor producto de los malos inviernos del agua en los mantos acuíferos ya debilitados, igual los ríos secos y contaminados, así como el despale de bosques, la tendencia no solo de obreros si no de toda la población de padecer de IRC y la pérdida de tierra destinada a producir alimentos orgánicos para la población que cada día están más caros, añadido al aumento de colonos y campesinos que destinan sus tierras para mas siembra de caña.
El maní en segunda posición, usa agroquímicos y pesticidas, es el que más erosiona la tierra, por esta fecha las máquinas acaban de arrancar el cultivo quedando la tierra suelta y desnuda, los vientos de diciembre y enero arrastran sin piedad fuertes torbellinos y nubes de polvo hacia la ciudad provocando severa contaminación a la salud traducida en enfermedades respiratorias principalmente en niños y ancianos, convirtiendo la ciudad en penumbra permanente de polvo.
Ante este panorama muchos están conscientes pero pocos se atreven a cuestionar y a debatir, empezando por los gobiernos y sus políticas de preservación del medio ambiente, de producción y de seguridad alimentaria. Nos jugamos el futuro de las nuevas generaciones que desde ya han disminuido su promedio y calidad de vida. ¿Cómo sobrevivirán? En un país donde ya no hay tierras para sembrar alimentos de verdad para que la gente coma y no para el gran capital mundial alineado en el engranaje de explotación y acumulación de poder y dinero, nos quedamos sin agua, sin oxígeno, sin comida. De qué sirven ya tantas cifras de producción económica. Como dice el presidente uruguayo José Mujica lo que nos está matando es la manera viciosa en que producimos solo por hacer billetes, papeles que no se comen.
En marzo del año pasado, el gobierno de Nicaragua restringió y prohibió la importación y el uso de plaguicidas de gran importancia para el sector agrícola de nuestro país. Estas sustancias prohibidas son insecticidas de reconocida eficacia biológica, amplio espectro de control y bajo costo. Esta resolución dictada por la Comisión Nacional de Registro y Control de Sustancias Tóxicas, es lesiva y contraria a los intereses de los agricultores, pequeños, medianos y grandes; ya que les quita herramientas poderosas para el manejo y control de las plagas de importancia económica en nuestro país; pero además obliga al agricultor a incrementar sus costos de producción ya que tiene que recurrir al uso de moléculas patentadas por las grandes transnacionales, que indudablemente se ven beneficiadas con este tipo de medidas. Aún más, pone en riesgo: la seguridad alimentaria, la estabilidad y competitividad del sector, ya que estas sustancias son esenciales en el éxito de los programas de manejo de resistencia.
Es lamentable que este tipo de decisiones se tomen tan a la ligera, sin tomar en cuenta el sentir de los afectados. Es un deber de las organizaciones gremiales (UNAG, UPANIC, COSEP), cerrar filas y exigirle al gobierno que revierta esta decisión y le restituya al agricultor sus derechos. Medidas como estas no han tenido éxito en el pasado, tal es el caso de la pastilla del amor que se prohibió para limitar su uso entre los jóvenes, sin ofrecerle al productor ninguna alternativa de reemplazo para el control de plagas en granos almacenados. Se sigue vendiendo en la calle sin ningún tipo de control, promueve el contrabando y la evasión fiscal, y no ha logrado frenar los suicidios. En su desesperación algunos productores usan clorpirifós en grano almacenado para consumo humano, poniendo en peligro la salud pública.
Los Acuerdos de Esquipulas II tuvieron mucha importancia para los países de Centroamérica. Fueron aprobados y suscritos entre los días 6 y 7 de agosto de 1987 en la antigua ciudad de Esquipulas, Guatemala, por los presidentes centroamericanos, para establecer una paz firme y duradera en la región, el fin de la guerra y de todo acto de violencia , dar elecciones libres , honestas y transparentes.
La gran mayoría de estos Acuerdos han venido siendo violentados por el gobierno de Nicaragua, muy a pesar que el actual jefe del poder ejecutivo fue uno de los firmantes. Y digo que se han violentado porque el gobierno reprime y manda a la cárcel a ciudadanos que no comulgan con su partido y gobierno, los actos de violencia no han cesado en Nicaragua, el actual gobierno moviliza a sus fuerzas de choque para agredir a las personas y violar los derechos humanos.
De igual manera los últimos procesos electorales se han visto plagados de un sinnúmero de irregularidades. A la oposición política le han cerrado los espacios en las estructuras del poder electoral, las Juntas Receptoras de Votos (JRV) son conformados por los sandinistas y sus aliados quienes en las actas de escrutinio ponen a su gusto antojo la cantidad de votos que mejor les parezca a favor del partido sandinista, violentando la voluntad del pueblo. Así mismo los Centros de Votación (CV) son controlados por las estructuras del partido sandinista, inventando comisiones asumidas solo por personas afines al gobierno. Incluso los policías que le dan seguridad a las JRV y los CV, tienen prohibido hablar con gente de la oposición.
Entonces, los Acuerdos de Esquipulas II han sido violentados por el actual gobierno sandinista. Esto debe de ser punto de agenda para el Secretario General de las Naciones en el acto de conmemoración de los 28 años de las firma de los Acuerdos de Esquipulas II, en el cual él estará presente.
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