Este sábado 7 de febrero se celebrará el II Festival de Japón, el cual, de acuerdo con el programa dado a conocer por sus organizadores, será una muestra de la cultura japonesa más amplia y diversa que la del primer festival realizado a mediados de febrero del año pasado.
Este II Festival tendrá lugar en el Parque Japonés de Managua, el mismo lugar donde se celebró el año pasado, con la particular significación de que este es el año del 80 aniversario de las relaciones de Japón con Nicaragua.
Se conoce por las fuentes históricas que las relaciones entre los dos países, tan lejanos geográficamente y tan distintos culturalmente, comenzaron de hecho a finales del siglo XIX, cuando sus representaciones diplomáticas en Washington, Estados Unidos, negociaron un Tratado de Amistad, Libre Navegación, de Comercio y Consular. Sin embargo fue hasta el 20 de febrero de 1935 que el gobierno nicaragüense nombró a Alberto Orozco como su primer cónsul general en Japón, y el gobierno japonés designó a Yogi Taka Hori como ministro plenipotenciario para Nicaragua, con sede y residencia en México.
El interés de Japón en los países iberoamericanos es de antigua data. Precisamente este 7 de febrero se celebra en Cuba el cuarto centenario de la llegada del primer japonés, Hasekura Tsusenaga, quien estuvo en La Habana en 1615 encabezando una misión oficial de Japón, de paso hacia México, en ese tiempo Nueva España, a donde iba para establecer las relaciones diplomáticas y comerciales.
Con Nicaragua los vínculos de Japón no son tan antiguos, pero igual han sido de la máxima importancia. Con motivo de la Segunda Guerra Mundial, cuando Japón estaba en guerra con Estados Unidos y el gobierno de Nicaragua se alineó con la potencia norteamericana, las relaciones fueron interrumpidas durante diez años. Sin embargo, desde su restablecimiento en 1955 el pueblo y gobierno de Japón han brindado una amplia y provechosa cooperación al pueblo nicaragüense, siempre, pero sobre todo en los períodos de mayor necesidad como resultado de los conflictos políticos derivados en guerras civiles.
Como se dice en el sitio web de la Embajada de Japón en Managua, la cooperación japonesa para el desarrollo “se ha hecho presente en Nicaragua desde finales de la guerra civil en 1990… Japón se ha convertido en uno de los principales donantes para Nicaragua y ha implementado una amplia gama de proyectos de asistencia para la agricultura, el desarrollo rural, salud, educación, transporte por carretera y gestión de desastres, seis áreas prioritarias y de apoyo a la democratización”.
Cabe mencionar que después que los organismos internacionales para la cooperación excluyeron a nuestro país de la lista de países de más bajo desarrollo e ingresos, Japón decidió “continuar la ayuda para el futuro de Nicaragua” siendo una de las últimas muestras más representativas de su cooperación el puente Santa Fe sobre el río San Juan. Esta gran obra de infraestructura, cuya construcción costó treinta millones de dólares y con sus 362 metros lineales es el puente más grande de Nicaragua, fue inaugurado a fines de agosto del año pasado, pero por atraso de Costa Rica no se ha comenzado a aprovechar para el mejoramiento y desarrollo del tráfico humano y comercial entre ambos países vecinos. Pero en todo caso, no podría haber una mejor muestra de la amistad sincera y la cooperación desinteresada de Japón con Nicaragua.
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