El tiempo y Rubén Darío

El tiempo, la existencia humana y el misterio del más allá, el de las ciencias ocultas, las adivinaciones, los sueños, son temas que inquietaron a Darío.

El tiempo, la existencia humana y el misterio del más allá, el de las ciencias ocultas, las adivinaciones, los sueños, son temas que inquietaron a Darío.

En 1904, Darío publica en el diario La Nación un artículo sobre Herbert George Wells y su Time Machine , novela de ciencia ficción, publicada en Londres en 1895, cuya literatura fantástica le fascina. Wells, considerado como el padre de la ciencia ficción, inaugura con ella la temática del tiempo. Construye un vehículo que le permite viajar a través del mismo y logra descubrir la clave de la llamada “cuarta dimensión”. Rubén deja entreabierta la conjetura de que si Wells es el verdadero creador o si ha sido el modificador de la idea del invento y menciona a Enrique Gaspar y Rimbau, autor de otra novela de ciencia ficción El anacronópete , editada en 1887.

En El caso de la señorita Amelia , cuento publicado en el diario la Nación en 1884, Darío presenta el acontecimiento de la detención del tiempo, representado en Amelia. El encargado del relato es el doctor Z, quien a pesar de su sabiduría y sus amplios estudios, es incapaz de explicar el fenómeno ocurrido en ella.

Despidiendo el fin de año mientras Darío observaba la calva del Doctor Z, iluminada apenas por la luz tenue reflejada sobre el cristal de espejos, se le escapa de sus labios una frase muy poco y apenas pronunciada “¡Oh, si el tiempo pudiera detenerse!” Frase que enciende la chispa de la narración en la obra.

El ilustre Doctor Z, entre ofendido y explicativo, desilusionado de la juventud que no parece comprender, da la tregua de la trama, en una respuesta muy satisfactoria que nos hará pensar. Cuenta que hace 23 años, cuando él era buen mozo y joven, conoció a la familia Revall, que tenía tres hijas. No tenía ninguna preferencia en su corazón por dos de ellas, a excepción de una, la más pequeña, quien era aún muy niña.

El no podía explicar el porqué de su predilección, solamente recordaba que Amelia era llena de “sonrisas y zalamerías”.

El Doctor Z se fue a la India, al oriente. A aprender más de lo que podían enseñarle las ciencias occidentales. Iba sediento de conocer las ciencias ocultas. Se interesó por las filosofías, estudió a los monjes budistas, la cábala. Viajó por Asia, África y América, donde se adentró en las ramas teosóficas.

Regresó, calvo y regordete. Buscó a la familia Revall y al indagar por su paradero encontró la misma casa y en ella a las dos hermanas, Luz y Josefina, quienes lo recibieron tristemente en la sala que dejara años atrás. Esta vez, los espejos estaban cubiertos con un negro velo. Vino dándose cuenta de que las dos estaban aún solteras y por la pequeña no quiso ni preguntar.

¡De pronto! llegó saltando una niña similar a Amelia en cuerpo y rostro.

El Doctor Z no encontró qué decir. Y las hermanas solamente se miraron muy sorprendidas.

Ya en la calle, se siente perseguido, dice “por un soplo extraño”. “La niña que yo creía fruto de un amor culpable es Amelia, la misma que dejé hace 23 años. La cual se ha quedado en la infancia, ha contenido su carrera vital”.

La inquietud de Darío por poder descifrar el misterio del tiempo que lo ha llevado al estudio de las obras de Wells y también a explorar las de Enrique Gaspar, está plasmada con en el mismo interés y entusiasmo en El caso de la señorita Amelia.

El viajero, que se traslada hacia el futuro en su Time Machine , Sindulfo García que viaja hacia el pasado en El anacronópete y la inacción del tiempo suspendido en la atmósfera donde no hay un antes, ni un después, es reflejado a través de Amelia.

Allí Darío nos ha demostrado tres estados temporales donde nadie ha sido capaz de descifrarlos o de decir ¿cómo el tiempo acontece?

Ya el Doctor Z, ha expresado:

“¿Quién es el sabio que se atreve a decir esto es así?

Nada se sabe. Ignoramus et ignorabimus.

¿Quién conoce a punto fijo la noción del tiempo?

¿Quién sabe con seguridad lo que es el espacio?”

(Darío 5,6).

Columna del día Rubén Darío Tiempo archivo

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