Robo masivo
En estos momentos, alguien le está metiendo la mano en la bolsa y sacándole el dinero sin que usted pueda hacer nada para evitar el robo. A usted, a mí, a todos los nicaragüenses. Es un robo descarado, en descampado y masivo.
Ejemplo
Veamos un ejemplo sencillo. Supongamos que hay un distribuidor de gas a quien le compran todos en su barrio o ciudad. Hace seis meses, digamos, ese distribuidor compraba el tanque de gas de cien libras a 1,000 córdobas y lo vendía a 1,100. Pero el mercado del gas cayó, y ese distribuidor comenzó a comprar cada tanque a 600 córdobas, pero siguió vendiéndoselos a ustedes a 1,100. En otras palabras, cada vez que usted llegó a comprar un tanque le robó, por lo menos, 400 córdobas. Sume los tanques que compró y multiplíquelos por la cantidad de hogares de su barrio o comunidad y ahí verá en cuerpo completo el tamaño del asalto al que están sometidos.
Cómplices y responsables
Exactamente eso es lo que está ocurriendo en toda Nicaragua, con la energía eléctrica y, en menor medida, con los combustibles. Alguien, algún vivo, se está quedando con el dinero que le corresponde a usted por la dramática caída mundial de los precios del petróleo. Algunos responsables y muchos cómplices hay en este atraco. Aquí nos están debiendo muchas explicaciones. David Castillo, presidente del Instituto Nicaragüense de Energía (INE), que hasta ahora no ha dicho esta boca es mía para explicar dónde queda el dinero que nos están sacando; y, principalmente, Daniel Ortega, quien por un lado es el presidente que le ha faltado a Nicaragua para proteger a los ciudadanos y por el otro es el asaltante que como empresario de capucha y pistola mete la mano en nuestra billetera.
Trampas y señuelos
El Ejército de Nicaragua, que antes fue un ejército partidario, y más antes, guerrilla, tiene una larga tradición de trampas, infiltración, señuelo y eliminación por cualquier medio de quienes considera sus enemigos. Infiltrados que asesinan cabecillas, cazabobos o trampas explosivas y hasta “guaro envenenado”. En el año 2001, en una reveladora entrevista que le hice al exjefe del Ejército, general Joaquín Cuadra, reconoció y defendió como legítimos estos métodos. “Totalmente legítimo. Hay puristas que podrían decir que es antiético infiltrar, recurrir al engaño para controlar estos grupos, y esperan que se neutralicen en acciones de guerra, frente a frente, pero es iluso pensar así, porque jamás van a aceptar estos grupos el choque frontal”, dijo Cuadra.
Ponebombas
Hace pocos días ocurrió un asesinato similar en Pantasma. El mismo patrón. Una mochila con explosivos, activados a distancia. Mató a tres. Igual como mataron a “El Charro”, en junio de 1996, con un radiocomunicador relleno de explosivos que supuestamente llegaron a dejárselo hasta donde se encontraba armado porque “el embajador americano quería comunicarse con él”. El incauto cayó. Para no reconocerse como “ponebombas”, en el caso de “El Charro”, el Ejército dijo oficialmente que lo abatió con fuego de lanzacohetes, en combate. En Pantasma, los campesinos y familiares de las víctimas señalan nuevamente al Ejército. Esta vez, como en Nicaragua oficialmente no existen grupos armados, el Ejército tampoco podría hablar de combates con grupos inexistentes, entonces se le atribuyó la operación a una pasada de cuenta entre grupos narcotraficantes. Algo que no tiene pie ni cabeza.
Dilemas existenciales
Tanto el Ejército como la Policía tienen muchos conflictos que resolver. Tienen que resolver, en primer lugar, si van a ser autoridades nacionales u órganos partidarios. Si se van a someter a las leyes de Nicaragua que juraron cumplir y hacer cumplir o si se van a colocar por encima de ellas. ¿Estamos en paz o estamos en guerra? El Ejército tiene que reconocer que ni es guerrilla ya, para que actúe al margen de la ley ni estamos en guerra para que siga usando los viejos métodos de eliminación de enemigos que aprendió de la contrainteligencia cubana. Compórtense como les corresponde, como manda la Constitución y las leyes. ¿Es mucho pedir acaso?
Investigaciones
Y podrán decir que eran narcotraficantes, que se mataron entre ellos o, incluso, que también cayó un meteorito en Pantasma, pero tienen que demostrarlo. No pueden seguir soltando conclusiones de cualquier tamaño olvidándose que es a ellos a quienes les toca demostrarlas con pruebas, detenidos y confesiones. ¿O es que esperan que sea la Policía de otro país quien venga a explicarnos lo que pasó en Pantasma?
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