Ante el desplome del precio internacional del petróleo, que tiene el precio del búnker, combustible de las plantas termoeléctricas, en 38 dólares el barril, hay un clamor popular en todos los sectores de la población, de que las tarifas de energía eléctrica que fueron fijadas bajo la premisa del barril de petróleo a 105 dólares, se reduzcan.
Lógicamente, el argumento, aparte de que es un tema de elemental justicia para la población, es que una reducción en las tarifas ayudaría a dinamizar la economía y favorecería la competitividad de nuestros productos de exportación.
La voz oficial del Gobierno para temas económicos, el asesor presidencial Bayardo Arce Castaño ha respondido a este clamor, que viene no solo de los empresarios agrupados en el Cosep, sino también del partido de oposición, el PLI, que introdujo un anteproyecto de ley para proteger a los consumidores, diciendo que el Gobierno se tomará tres meses, es decir hasta abril, para analizar el comportamiento de los precios de crudo y la posible reducción de la tarifa de energía.
El argumento subyacente, aunque no lo dijo abiertamente, es que se debe priorizar pagar lo más rápido posible la deuda contraída con la Caja Rural Nacional (Caruna) estimada en 198 millones de dólares, según el empresario del sector energía César Zamora. Dicha deuda fue contraída para subsidiar a los usuarios que consumen menos de 150 kilowatts mensuales.
Según Zamora, si se mantienen los precios del 2014 en todo el 2015, el ahorro de la factura de energía por el menor pago a las empresas generadoras a base de búnker, sería de 131.2 millones de dólares, equivalentes al 66 por ciento del total de la deuda con Caruna y al 20 por ciento de la factura que se tendría que pagar con los precios del 2014.
El argumento de los diferentes sectores, particularmente el sector empresarial agrupado en el Cosep, es que una parte de ese ahorro se utilice para pagar la deuda y otra para aliviar la factura que pagan los usuarios, tanto empresariales como residenciales.
El problema es que mientras se castiga a los usuarios que más pagan energía, porque pagan además una tarifa diferenciada, se está castigando también a la economía y no se está aprovechando las circunstancias favorables de la caída de los precios del petróleo, lo que nos hace menos competitivos con otros países que sí han traducido el menor pago de la factura petrolera en una rebaja de la tarifa de energía, a como ya hemos visto parcialmente reflejado en la reducción sustancial de los precios del combustible que pagamos.
Otro problema que estamos viendo es que el Gobierno a través de Enatrel está priorizando la compra de energía a los que la producen a base de petróleo y no con fuentes de energía renovable, como la eólica, una ironía causada por el desplome de los precios del petróleo.
Según una entrevista a Esta Semana , César Zamora, quien administra una generadora que produce tanto energía termoeléctrica como eólica, afirma que la razón es que con el precio del búnker a 38 dólares por barril, que paga actualmente, le sale más barato generar con petróleo cuyo precio es variable en relación con el precio internacional de crudo (92 centavos el kilovatio/hora), que con el aire, cuyo precio es fijo (95 centavos el kilovatio/hora).
Todo el argumento y el esfuerzo del cambio de la matriz energética se viene al suelo con esta realidad, que nos plantea una interrogante, que es si el Gobierno no está intentando favorecer a las plantas de Alba-Caruna, que mayoritariamente generan a base del búnker. Desmotivar o desincentivar el uso de energía renovable por energía no renovable, no tiene sentido en el mundo moderno y ciertamente es una medida irracional.
Enatrel debe honrar todos los compromisos adquiridos con las plantas de energía renovable, para motivar mayor inversión en este sector que eventualmente nos dará independencia de la fluctuación del precio internacional del crudo.
Finalmente, creo que se debe de buscar un balance entre acelerar el pago de la deuda contraída con Caruna, pero al mismo tiempo con una reducción significativa de la tarifa de energía al consumidor, se debe encontrar la fórmula y no en abril, sino a lo inmediato. El ahorro que está experimentando el sector energético, y el país en general, por el desplome de los precios del petróleo, da para ambos propósitos.
El autor es diputado miembro de la Bancada del PLI
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