La primera reunión de alto nivel entre los representantes de Estados Unidos y Cuba para concretar la normalización de sus relaciones, se realizó esta semana en La Habana sin ningún resultado concreto. Al final ni siquiera anunciaron cuándo volverán a reunirse.
Pero no por eso se puede decir que la reunión fue un fracaso, pues no se podía esperar que de primas a primera los antiguos enemigos acérrimos se pondrían de acuerdo en algo más que la voluntad común de seguir negociando. Como dijo un experto en relaciones de Estados Unidos con Cuba, citado por el diario La Nación de Buenos Aires, “nadie se baja de la épica de una revolución de un día para otro, por más necesidad que tenga”. Y un miembro de la Iniciativa para América Latina de la Brooking Institution, de Estados Unidos, valoró que “lo que habrá que esperar son pasos muy pequeños, pero firmes de ambas partes”.
Algo que llamó la atención pero no fue destacado por la prensa internacional, es que la jefa de la delegación de Estados Unidos, la subsecretaria de Estado para América Latina, Roberta Jacobson, declaró que el tema de los derechos humanos fue parte de la discusión en la primera reunión. Sin embargo, la jefa de la representación de Cuba, Josefina Vidal, desmintió de manera diplomática a Jacobson señalando que el tema de los derechos humanos no había sido abordado en la conversación.
Independientemente de cuál de las dos jefas negociadoras dijo la verdad en este caso, tampoco hay que esperar que de la discusión de los representantes de Cuba y Estados Unidos sobre el tema de los derechos humanos —si acaso se llegara a plantear con seriedad— pueda resultar algo concreto. Los delegados estadounidenses dirán seguramente que en Cuba no se respetan los derechos humanos y la parte cubana responderá denunciando —como ya lo ha anticipado— la discriminación racial en Estados Unidos, las violaciones a los derechos laborales por las empresas capitalistas, etc.
De todas maneras el Gobierno de Estados Unidos ya decidió aceptar al régimen totalitario de Cuba tal como es. Esto es ya un hecho consumado. Es evidente que el principal objetivo estadounidense al normalizar relaciones con Cuba es económico, quizás con la esperanza de que el mejoramiento de la economía cubana podría facilitar a largo plazo una reforma política democrática.
El economista Luis R. Luis, director del no gubernamental Instituto Nacional Financiero de Estados Unidos, estima que tan solo con las medidas preliminares que el presidente Obama ya dispuso poner en práctica para suavizar y eludir el embargo económico y comercial, Cuba será beneficiada con entre 400 millones y 500 millones de dólares por ingresos adicionales en este año, y un poco más en el siguiente. Las remesas familiares se incrementarán en 350 millones de dólares en el 2015. Se van a duplicar los gastos de los viajeros estadounidenses a Cuba que el año pasado, excluyendo transporte, fueron de 100 millones de dólares. Y las exportaciones cubanas a Estados Unidos que en 2014 cifraron unos 100 millones de dólares, crecerán en un 40 por ciento.
Para Cuba esto será el buen comienzo de una bonanza económica financiada con los dólares del odiado imperialismo, sin perjuicio de que los capitalistas de Estados Unidos podrán hacer también muy lucrativos negocios.
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