LA PRENSA/ARCHIVO

Cero bolsa en la islita

Izayda Ruiz, habitante de Little Corn Island, comenzó el experimento en diciembre. A los que llegaban a comprarle a su pulpería les entregaba las cosas en la mano. Cuando le pedían la bolsa plástica de gabacha, ella les decía que cuesta un peso.

Izayda Ruiz, habitante de Little Corn Island, comenzó el experimento en diciembre. A los que llegaban a comprarle a su pulpería les entregaba las cosas en la mano. Cuando le pedían la bolsa plástica de gabacha, ella les decía que cuesta un peso. Algunos le reclamaban y le decían que por ser Navidad le tenía que regalar la bolsa. Otros se ponían bravos pero se iban resignados con los productos en la mano. Uno que otro le preguntó que cuánto valían las bolsas. Ruiz le dijo que uno y dos córdobas. “Démela pues, que está barata”.

En el transcurso de los días eso ha cambiado. Muchos de los clientes de su pulpería ahora llevan una bolsa de tela para sus productos, como se compraba antes, razona Ruiz, quien está de acuerdo con la regulación del uso de las bolsas plásticas que el Gobierno comunal de la islita, de tres kilómetros cuadrados, pretende implementar a partir de febrero.

Nazyra Estrada, secretaria del Gobierno comunal, dice que desde agosto pasado los miembros del Gobierno comunal de la islita han estado debatiendo qué hacer con el plástico que se acumula en la pequeña isla, en la que viven unas 1,300 personas.

Como en el resto del país, la islita recibe gran cantidad de productos envasados en plástico, sobre todo refrescos, aguas y gaseosas, pero luego no tienen cómo librarse del plástico.

MAL CRÓNICO

En agosto pasado las autoridades locales dijeron a LA PRENSA que no sabían qué hacer con el plástico, porque no contaban con un medio de transporte para sacar tanto plástico acumulado.

No se distinguía desde la playa, pero a unos 600 metros del muelle de la paradisíaca isla queda la bodega en la que se veían montañas de envases plásticos.

En esa ocasión, Winston Downs, coordinador del Gobierno comunal de la islita, explicó que estaban buscando alternativas con el apoyo del programa Gestión Integral y Sostenible de Residuos Sólidos (Gisres) RAAS, un proyecto impulsado por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

Como resultado de esa preocupación y de las reuniones constantes, hace poco se acordó con los propietarios de 16 pulperías controlar el uso de la bolsa plástica.

El Gobierno comunal ha propuesto que se venda a tres córdobas, explica Estrada.

“No es prohibido vender bolsas plásticas, pero se llegó a este acuerdo para tratar de reducir la cantidad de plástico que circula en la isla”, agrega Estrada.

Como alternativa al plástico y con apoyo del Gisres se ha repartido a la población alrededor de cien bolsas de tela y de saco.

“La semana pasada nosotros hicimos una visita casa a casa entregando las bolsas que tenemos, también algunos sacos y póster”, dice Estrada y explica que aún les faltan más bolsas para otras casas.

“La gente sabe que es algo bueno y saludable, pero no podemos prohibir el uso sin dar algo a cambio”, aclara Estrada y confía en que a partir de febrero la población disminuya el uso de las bolsas.

Las autoridades locales de la islita, que también han tratado de educar a los pobladores en la separación de basura, lo orgánico de lo inorgánico, esperan que en el lapso de dos años se erradique el uso de la bolsa en el comercio local.

ESPEJO PARA CORN ISLAND

La idea de la islita podría ser adoptada a mediano plazo por Corn Island.

Cleveland Webster, alcalde de Corn Island, considera acertada la idea de las autoridades de la islita.

“Es acertada la decisión. Es una isla turística y una de las cosas que no le gusta al turista ni a nadie es ver plástico”, dice Webster.

El alcalde reconoce que el plástico es un problema que afecta a ambas islas que no tienen los medios para librarse de las ingentes cantidades que se consumen.

En Corn Island también tienen serios problemas para evacuar el plástico que entra. Por tanto, estarán atentos al control del plástico en la islita para ver si más adelante también la implementan.

“Queremos llegar a un punto en el que haya una ordenanza en la cual los turistas entren con sus bolsitas y se las lleven de la isla”, dice Webster y añade que actualmente sacan el plástico con ayuda de barcos de cabotaje que van hacia El Rama, y posteriormente se traslada a Tipitapa.

“Lo que nosotros queremos es sacar el plástico”, comentó Webster, pero reconoce que es muy costoso.

Webster dijo que se tiene una compactadora de plástico y con ella se espera aumentar la salida del plástico.

Una de las ventajas de la islita, según el alcalde, es la unión entre las autoridades locales y los propietarios de los negocios.

No tienen estimados los costos, pero saben que la islita no tiene recursos para costear el transporte del plástico que se ha ido acumulando en meses y años. Nasira Estrada, secretaria del Gobierno comunal, dice que se han sacado unas tres pacas de plástico en un barco privado. Estrada dice que para ello han contado con el apoyo del programa Gisres. En ocasiones anteriores, cuando el programa no existía, pasaba mucho tiempo antes que llegara gente del Pacífico interesada en todo ese plástico acumulado.

La islita, un lugar tranquilo, de aguas cristalinas, donde el turista camina descalzo acompañado por perros mansos esterilizados, también quiere mantener el equilibrio ecológico, conservar sus humedales, por eso la idea de controlar —detener— el consumo de bolsa plástica, es solo el primer paso.

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