América Latina requiere de pensamiento estratégico e igual ocurre en Nicaragua. Tener claro las grandes megatendencias es tarea de gobiernos, pero también de empresarios y trabajadores. Para el Foro Económico Mundial las diez principales tendencias mundiales para el 2015, por ejemplo, son: la profundización en la inequidad de los ingresos y el crecimiento económico, pero sin generación de empleo; falta de liderazgo sobre los grandes problemas mundiales; competencia geoestratégica cada vez más agresiva y en aumento; el debilitamiento de la democracia representativa; la contaminación en aumento en el mundo en vías de desarrollo; el aumento de fenómenos meteorológicos severos; la intensificación del nacionalismo; el aumento del estrés hídrico; y la creciente importancia de la salud en la economía de los más desarrollados.
Los dos primeros problemas referidos a los ingresos y al empleo han dado lugar a un desencanto con los liderazgos actuales, que ha generado distancia entre gobernantes y gobernados y se expresa en un debilitamiento de la democracia representativa en muchos países. La intensificación de los nacionalismos continuará generando tensiones y el medioambiente se está volviendo cada vez más importante.
La empresa PwC, firma consultora de las más importantes del mundo, por otro lado, presenta seis megatendencias para los próximos veinte años, que transformarán la dirección del mundo. Por un lado ven un retroceso de la globalización, donde habrá menos jóvenes y más ancianos con una mayor calidad de vida y un nuevo modelo productivo basado en la innovación y en el impacto de las nuevas tecnologías con importantes efectos disruptivos. Desde el Consejo Nacional de Inteligencia de Estados Unidos, los analistas debaten, no obstante, sobre si los Estados Unidos continuará replegándose o si reforzará su liderazgo nuevamente y las implicaciones que esto tendría, lo mismo que la actitud de los países emergentes.
No obstante, PwC ve la geopolítica como un partido sin árbitro, donde Occidente perderá fuerza y se consolidarán los países emergentes, pero esto combinado con diversidad ideológica y política de los jugadores y la preeminencia de lo económico sobre lo militar, añadirá complejidad al entorno y marcará un contexto más difícil y heterogéneo para las empresas.
En todo caso, el nuevo equilibrio global se inclinará hacia Asia-Pacífico y el Sur. Europa y Japón verán lastrado su crecimiento, a favor de Estados Unidos y de las economías emergentes, donde China cobrará importancia para América Latina. En un mundo global con entidades sistémicas de mayor tamaño y un mayor riesgo de contagio en futuras crisis, una gobernanza financiera global es aun más imprescindible.
En el nuevo modelo productivo del futuro, la innovación tecnológica es considerada central y la movilidad laboral y la competencia por talento alcanzará niveles desconocidos y esto generará aun mayores diferenciaciones sociales con consecuencias difíciles de prever. A la vez, los individuos ganarán mucho más autonomía, en la medida que el desarrollo económico va generando una gran clase media emergente, esto vendrá marcado por el auge de la libertad individual y por la capacidad de decisión de las personas que ganarán poder frente a los Estados. Las personas vivirán más y con mejor calidad de vida, las mujeres ganarán mucho más terreno y decrecerá la natalidad.
Finalmente, la presión sobre los recursos naturales aumentará por el aumento de población y de las nuevas clases medias emergentes, de tal forma que habrá competencia entre los Estados y las empresas por asegurarse el suministro de recursos naturales y la explotación de energías no convencionales se convertirá en un punto relevante de la geopolítica y de la economía del futuro.
Alrededor de estas grandes megatendencias habrá variantes. La gran pregunta es si en estos escenarios, las relaciones entre países clave se volverán conflictivas o de colaboración. Probablemente a todos nos convendría más lo último, aunque no está claro cómo esto evolucionará, pero en las actitudes y acciones de hoy nos estamos jugando el futuro y más vale que tanto los países como los sectores discutamos y decidamos con claridad por dónde irse decantando mejor por el bienestar de todos.
El autor es doctor en Economía.
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